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¿Gin tonic o ensalada?

Mucho se ha dicho y escrito sobre la locura que se ha desatado desde hace unos años por el gin&tonic en las barras españolas. La tendencia, que ha puesto en valor las virtudes de un combinado tan clásico como genial, tiene su contrapartida, porque la desbordante "creatividad" de una buena parte de los bartenders ha llegado al extremo de desvirtuar la esencia de esta deliciosa alquimia.
Texto
Federico Oldenburg
@FedericoOldenbu
Publicado 29/07/2013

Aunque los agoreros de siempre vaticinan que el vodka acabará por desbancar a la ginebra como destilado de moda, lo cierto es que la estrella del gin&tonic continúa brillando, al menos en España. ¿Cómo se entiende sino que incluso en el bar más modesto de un pueblo perdido la oferta de ginebras Premium alcance fácilmente una quincena de referencias, y pueda superar el medio centenar en las coctelerías de moda?

Los aficionados a los buenos destilados no deberíamos quejarnos ante los efectos del boom del gin&tonic, que ha suplantado los gins más ramplones e industriales por una gama larga y diversa de marcas de gran calidad.

Sin embargo, lo que nos tiene hasta el moño de la pituitaria es la supuesta creatividad de muchos bartenders, que han aprovechado esta moda para dar rienda suelta a su temeraria vocación mixológica, mezclando ingredientes sin ton ni son y desvirtuando la esencia del gin&tonic original incorporando todo tipo de ingredientes: frutas exóticas, el consabido pepino, canela en rama, bayas de enebro –un tropezón que nos obliga a masticar o escupir con disimulo los molestos granos–, flores... ¡e incluso aceite de oliva!

El desmadre en torno al famoso combinado es tal que no son pocas las barras donde el gin&tonic semeja más bien a una ensalada. Por tanto, ha llegado el momento de poner coto a esta locura y rogar, en nombre del dios Baco, que los camareros y barmans se abstengan de continuar innovando y regresen al concepto del gin&tonic original: un vaso ancho (y largo, a poder ser), generosamente relleno de hielos (grandes, por favor), 5 cl de una buena ginebra (que sepa a enebro, sobre todo), una tónica honesta (bien dotada de quinina natural) y apenas un twist de piel de cítrico como elemento aromático y decorativo. Si acaso, se puede completar el combinado con un golpe de bitter (Angostura o el que más nos guste entre los muchos que han aparecido en el mercado en los últimos tiempos, como la larga gama de Bittermens y Scrappy's Bitter). Y nada más.

Entonemos todos, pues, esta frase: "Camarero, póngame por favor un gin&tonic, no una ensalada".

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