Formado con la élite gastronómica del momento, Vallejo ha construido una propuesta consistente en El Grand Cru donde combina sabiamente un gastrobar con un exclusivo restaurante donde sorprende en cada plato

Después de trabajar mano a mano con Josean Alija como jefe de partida y de haber pasado por las cocinas de Berasategui, Aduriz y René Redzepi (Noma), este cántabro de 28 años volvió a su casa para soltarse en El Nuevo Molino y luego pasar a Grand Cru, un gastrobar muy concurrido en la planta alta que esconde una única mesa junto a la cocina donde ofrece un sugerente menú.

Si arriba manda la barra con una atractiva selección de tapas y raciones elaboradas al momento, en el sótano –oculto y semi clandestino- se impone una cocina contemporánea, refinada y creativa. Platos compuestos con muy pocos elementos que brindan combinaciones inéditas como los espárragos con tinta de chipirón. Productos bien elegidos, trabajados con acierto y mezclados con sensibilidad. A Vallejo, en alza imparable, lo único que le queda para afianzar su cocina es desprenderse de algunos artificios innecesarios. No son necesarios forzar los trampantojos para sorprender a los comensales. La propuesta culinaria de El Grand Cru posee la hondura suficiente como para no necesitar nada más.

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