Simpática y menuda, tiene una fuerza de voluntad tremenda. "Si no fuera porque soy una cabezota habríamos cerrado el restaurante.

Cobrando el precio que cobramos por el menú del día cambiamos el dinero, pero Santiago no es Madrid. Cuesta mucho hacerse un hueco y después mantener la clientela. Por eso además de cocinar todos los días tengo que salir a hacer jornadas, degustaciones, ferias… Que la gente se entere de que existe A Tafona para que venga". Su cocina es elegante, delicada y muy técnica. Borda la verduras que su padre recolecta en el huerto; da el punto perfecto al pescado y hace unos postres muy por encima de la media, por algo fue alumna de la Escuela Espai Sucre. De su Santiago de Compostela natal al País Vasco, de ahí a Barcelona y de vuelta a Galicia. Antes de abrir su propio local -junto con Nacho Tierno, su socio- viajó, trabajó y aprendió con los mejores. Hoy su casa es un referente en Galicia, con una imbatible relación calidad precio. "Ahora estamos cambiando. Poco a poco puedo permitirme hacer lo que me gusta, una cocina más elaborada, con un producto muy bien seleccionado. Cuando estás atada a un menú de 15€ tienes poca capacidad de maniobra y a mi me gusta que el cliente disfrute, darle la mejor materia prima y la mejor cocina que yo soy capaz de hacer, pero los milagros no existen”.  

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