Decir Jubany es decir, territorio, tradición, respeto, cultura, compromiso, cocinero de pies a cabeza. Es saborear una pularda, recrearse en el aroma de una trufa negra, reconocer un civet de liebre, sentir la tierra en el plato

Sin abandonar sus raíces, y después de una profunda –y hermosa- reforma en su restaurante, Can Jubany (Vic. Barcelona), sus horizontes culinarios se han ampliado, también porque ahora cuenta con más espacio, más personal, y  -tal vez- más tiempo, para dedicarse a la experimentación, al ejercicio gozoso de probar y probar recetas para elegir las mejores y desestimar las que no convencen. No hay prisa, ni necesidad de cubrir expedientes, Jubany trabaja para su propio placer, que es, a fin de cuentas, el del comensal. Una lucha sin cuartel por la  perfección. Exigente y minucioso en su casa todo ha de hacerse al momento, desde limpiar un chipirón a picar una seta. La cocina rinde pleitesía al producto para que éste aparezca siempre exultante, impoluto. Contrapuntos equilibrados, cocciones medidas al milímetro. De vez en cuando algún guiño, algún juego, un picarón coqueteo con la vanguardia. Alta cocina del terruño que no renuncia a la tecnología, sino que la integra aportando un plus de perfección. 

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