Ambar La 125, cerveza de celebración

No todas las cervezas nacen simplemente para echar un trago y colmar la sed. Ambar La 125 bien vale para esos esos propósitos. Pero es también una cerveza de celebración, porque ha sido pergeñada para conmemorar los 125 años de la histórica cervecera zaragozana.
Fiel a su origen decimonónico, marcado por la tradición cervecera centroeuropea que imperaba en 1900, Ambar ha querido volver a las fuentes en esta edición especial con la celebra su 125º onomástica, presentando una cerveza pils de espíritu clásico, ligera y refrescante, inspirada en las primeras recetas que aportó a la fábrica el maestro cervecero alemán Charles Schlaffer.
Así, La 125 de Ambar es una lager de color dorado pálido, de trago amable y ligero amargor, elaborada con malta seleccionada y lúpulos clásicos alemanes, molidos en el momento preciso para que conserven toda su frescura. Es una cerveza concebida para disfrutar, pero también para recordar los orígenes y la trayectoria de Ambar, La Zaragozana.

La Zaragozana con acento alemán

La historia de Cervezas Ambar, es en muchos sentidos la historia de una rara avis dentro del panorama cervecero español. Nacida en Zaragoza en plena ebullición industrial de comienzos del siglo XX, la fábrica contó desde el principio con el conocimiento técnico alemán, una influencia que marcaría para siempre su forma de entender la cerveza: elaboraciones limpias, fermentaciones cuidadas y una obsesiva regularidad en el resultado final. Mientras muchas cerveceras históricas desaparecían o terminaban absorbidas por grandes grupos, Ambar logró mantener su independencia y seguir elaborando en su sede original del barrio de San José, un hecho poco frecuente en el sector.
A lo largo de las décadas, la casa ha sido también protagonista de algunos hitos que hoy forman parte de la historia cervecera española. Fue pionera en lanzar la primera cerveza sin alcohol del país en 1976 y, muchos años después, desarrolló la primera cerveza sin alcohol y sin gluten del mundo. Esa capacidad para innovar sin perder el hilo de la tradición ha dado lugar en los últimos años a colecciones experimentales y ediciones especiales que conviven con su gama clásica.

 

imagen publicitaria de La Zaragozana de la década de 1930

 

Ambar 125, pasado y presente

 

Ambar La 125 se inscribe precisamente en ese diálogo entre pasado y presente. La receta se inspira en las fórmulas del primer maestro cervecero de la casa, el alemán Charles Schlaffer, recuperando el espíritu de las primeras pilsner que se elaboraron en la fábrica. Es una lager de 4,8% de alcohol elaborada exclusivamente con malta pálida, lo que se traduce en un color dorado claro, brillante y muy limpio en la copa. El lúpulo, también de origen alemán, se muele justo antes de incorporarlo al proceso de elaboración, un detalle técnico que busca preservar la intensidad aromática y la frescura vegetal del ingrediente.
La fermentación se realiza de manera lenta y a baja temperatura, siguiendo el canon clásico de las lager centroeuropeas. Esa paciencia en el proceso es la que termina afinando el perfil de la cerveza y explica una de sus características más agradables: una burbuja fina y suave que aporta ligereza y elegancia en boca.
En nariz se muestra delicada, con recuerdos de malta pálida fresca y un leve matiz herbáceo procedente del lúpulo. No es una cerveza exuberante en aromas; su intención es más bien la de una pils clásica: ofrecer limpieza, equilibrio y una sensación de frescura constante.
El trago confirma esa impresión inicial. Es una cerveza de cuerpo ligero, refrescante, con una base maltosa suave que aporta pequeñas notas dulces en el centro de la boca. El amargor aparece con moderación, bien integrado, y conduce a un final limpio y seco que invita inmediatamente a seguir bebiendo. La textura, marcada por esa burbuja fina, contribuye a la sensación de precisión y equilibrio.

La cerveza que perdura

 

Servida bien fría, como recomiendan sus elaboradores, Ambar La 125 funciona especialmente bien en la mesa con platos de carácter centroeuropeo o sabores intensos que agradezcan una cerveza refrescante que limpie el paladar. Un surtido de salchichas, un codillo asado o unas anchoas en salmuera encuentran en ella una compañera perfecta. También se lleva bien con elaboraciones más contemporáneas como un steak tartar o unos nachos con guacamole, y con pescados a la plancha aderezados con hierbas o cítricos.
Pero más allá de los maridajes posibles, esta cerveza tiene algo de gesto simbólico. Representa la voluntad de una cervecera centenaria de celebrar su historia sin caer en la nostalgia. De recordar el saber hacer que llegó desde Alemania a Zaragoza hace más de un siglo y que aún hoy sigue definiendo su estilo.
Al fin y al cabo, Ambar La 125 es eso: una pilsner honesta, equilibrada y fácil de beber que reivindica la belleza de las cosas bien hechas. Una cerveza pensada para brindar, sí, pero también para recordar que algunas historias –cuando se elaboran con paciencia– pueden durar más de un siglo.

Federico Oldenburg

Periodista especializado en vinos y destilados, colaborador de numerosos medios internacionales y jurado de los más prestigiosos certámenes vinícolas.

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Federico Oldenburg

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