La reivindicación que por fin está viviendo la familia de las garnachas en el viñedo español tiene también su faceta blanca. Porque así como la garnacha tinta ha demostrado que puede ofrecer vinos de notable calidad y perfil muy distinto –dependiendo de las características del terruño– en diversas regiones de la península, y la garnacha tintorera está esbozando algunos ejemplos de vinos cuyo interés va más allá de su pronunciado color, la garnacha blanca también comienza a exhibir todo su potencial como alternativa válida y más que razonable para dar lugar a los grandes blancos con los que soñamos.
Convencido de ello está Alfredo Arribas, arquitecto reconvertido en viticultor que ya lleva algunos años buscando (y encontrando) el carácter más auténtico de los vinos del Priorat y Montsant.
En esta última D.O., desde el año 2007 Arribas está elaborando un delicioso monovarietal de garnacha blanca, a partir de la fruta que crece en pequeñas parcelas ("trossos", tal como las denominan en la zona), con suelos arenosos y calcáreos.
Tras una vinificación delicada y una crianza de 10 meses en barricas de roble francés, el Tros Blanc 2011 se muestra como un blanco de fina mineralidad, con matices de fruta blanca y flores y generosa acidez. Un vino que resulta muy agradable si se lo descorcha joven, pero que si se conserva en botella algunos años adquiere una seductora complejidad, con aromas especiados y un punto de oxidación que lo vuelve aún más interesante.
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