En el profuso universo de los destilados Premium, las nuevas marcas necesitan algo más que una calidad impecable para diferenciarse. Sobre todo en el apartado de los vodkas, donde la precisión en las nuevas técnicas de destilación permite producir aguardientes tan puros como clónicos (e impersonales, hay que decirlo) prácticamente en cualquier lugar del mundo.
Por eso, a la hora de lanzar un nuevo vodka, es preciso aguzar al máximo el ingenio marketiniano, si no se quiere pasar desapercibido y caer pronto en el cajón del olvido.
Una presentación original es un buen punto de partida. Y una buena historia, una leyenda que inspire a la marca y seduzca a los potenciales clientes, aún mejor.
Wint & Lila, el último de los vodka Premium que acaba de llegar al mercado, tiene las dos cosas: un diseño delicioso, de sabor antiguo –la botella recuerda a las que tenían las viejas farmacias– y una bella historia, referida a las familias flamencas Wynt y Lila, cuya actividad comercial contribuyó al desarrollo de las destilerías del valle del Guadalquivir en el siglo XVII.
¿Y el vodka? Pues muy bueno: límpido (filtrado con cristal de Kieselguhr, equilibrado, con el alcohol bien integrado –lo que resulta de cinco destilaciones– y un matiz dulzón en el final de boca.
Impecable y muy puro, tal como impone la tendencia de los vodkas de última generación. Y, eso sí, con una buena historia.
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