Desde cualquier perspectiva, el título del reciente libro del periodista Juanma Bellver (Ediciones Siruela) induce a interpretaciones erróneas. No solo no se trata de un manifiesto centrado en las imposturas del mundillo gastronómico, esa hoguera que protagonizan foodies sin criterio, como podría suponerse a tenor del enunciado, sino de una brillante recopilación de historias, citas y anécdotas surgidas al hilo de la vida del autor de la obra.
Con la elegancia que caracteriza a quien fue el impulsor del suplemento Metrópoli y sus guías gastronómicas, su relato constituye un cuaderno de bitácora, el bloc de notas de un viajero risueño seducido por las tentaciones de las mejores mesas, entusiasta de los secretos del vino y devoto de las experiencias que han ilustrado su travesía personal en los últimos años.
En conjunto una hoja de ruta enciclopédica, jalonada de múltiples ideas, citas inéditas, comentarios de productos, vivencias personales y pensamientos agudos. Los propios de un urbanita nómada, bienhumorado, curioso y culto, labrados a través de lecturas, degustaciones y encuentros con otros profesionales. Un testimonio de la inconfesada diferencia de conocimientos entre los tradicionales gourmets, saga a la que Bellver pertenece, forjados en lecturas y vivencias, y aquellos que ahora invaden las redes sociales -los foodies- sin rigor ni conocimiento, argumento en el que se sustenta de forma directa el verdadero fondo crítico del libro.
En 1982 la editorial Tusquets en la colección los 5 Sentidos que dirigía Xavier Domingo, publicaba “Carné de ruta: Las recetas de Pickwick”, recopilación de historias del erudito Néstor Luján. Un viaje delicioso en el que Luján emulando a Samuel Pickwick, el mítico personaje de la primera novela del escritor inglés Charles Dickens, relataba sus experiencias gastronómicas en las cocinas del mundo.
Ni por el contenido de sus capítulos ni por el tratamiento que presta a sus comentarios, el libro de Bellver sigue las pautas de Luján. Sin embargo, entre uno y otro existen puntos de afinidad manifiestos. El de Bellver es un viaje atemporal, la historia de décadas de aprendizaje como base de su pensamiento crítico. Una manera de explorar, sentir y descubrir tradiciones culinarias de su propio universo.
Con una narrativa que entusiasma Bellver pasa revista a una parte de la despensa española y a las situaciones que la sacralizan o la desmoronan. A productos que suscitan adicciones o generan controversia. Puntualiza y descabeza, ensalza y condena mitos para de una manera elegante acorralar al lector y obligarlo a reflexionar en temas concretos.
“Contra Los foodies” no es un libro escrito de manera acelerada, sino un carné de ruta de rango enciclopédico donde confluyen centenares de comentarios e incontables reflexiones acumuladas con el tiempo. Las mismas que han forjado el pensamiento de su autor. A pesar de que no faltan dardos agudos contra el hedonismo artificial, el fondo de la obra no se fundamenta en críticas simplonas sino en reflexiones profundas.
Sin un hilo conductor aparente, Bellver pasa de la creatividad del chocolate de la mano de los mejores reposteros del mundo, a las trufas como base de una cocina silvestre. Alude a la moderna y viejuna cocina del aprovechamiento con la misma naturalidad que ridiculiza los abusos del caviar, satiriza los banquetes presuntamente eróticos, desliza apuntes sobre el controvertido origen vasco de las paellas, reflexiona sobre el copyright de las recetas y los presuntos derechos de autor. Y, con un elegante desparpajo, entra a saco en el desgastado mundo de los menús largos y estrechos.
Esa estela de cansancio – “omakase is dead” – que marca el epitafio de un formato que dominó la alta cocina mundial durante dos largas décadas gracias al papel de comensales dóciles convertidos en rehenes de cocineros intérpretes de una creatividad mal entendida. Un tema que ha sido tratado en profundidad en el último Madrid Fusión 2026 con tanto éxito.
El libro de Bellver que he leído con detenimiento, lo he sentido de cerca. Llevo años intercambiando opiniones y compartiendo con el autor algunas de sus experiencias. Su lectura me ha entusiasmado. Y me he identificado y discrepado al mismo tiempo con un trabajo que resume de manera brillante el pensamiento de la gastronomía actual escrita con mayúsculas. Imprescindible en la biblioteca de quienes deseen entender los últimos caminos recorridos.
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