
Filloas
Crujientes por fuera y tiernas por dentro, las filloas tradicionales evocan el sabor más auténtico de nuestra cocina casera

El chef: Pepe Solla
Heredero de una importante saga de hosteleros comenzó trabajando en la sala como sumiller para terminar en la cocina. Ahora, en plena madurez, con un fecundo camino recorrido ve su proyecto consolidado: la renovación de la cocina gallega es una realidad.
Ingredientes
- 100 g de harina
- 25 g de azúcar
- 2 g de sal
- 50 g de mantequilla
- 3 huevos
- ½ l de leche
Preparación
- Batir todos los ingredientes salvo la mantequilla -ésta se incorpora fundida al final- y colar por un chino.
- Calentar una sartén antiadherente y sobre esta poner un chorrito de la masa base, repartir por toda la sartén de forma que queden muy finas, dorar por ambos lados y reservar.
El secreto está en lograr una textura ligera y delicada, casi translúcida, con bordes ligeramente dorados.
Presentación
- Las filloas se pueden servir solas, espolvoreadas con azúcar, canela, rellenas de crema, nata, miel, puré de castañas o tantas cosas como se nos ocurra.
Tradicionalmente las filloas eran una preparación salada que sustituía al pan, se hacía con caldo en lugar de leche y en tiempo de matanza había una variante con sangre de cerdo. Se popularizaron en su versión dulce y se convirtieron en un icono de la repostería de Galicia, donde forman parte esencial del Carnaval de Galicia (Entroido).
Aunque la receta que ha traspasado la estacionalidad propia de muchos dulces peninsulares y se ha vuelto atemporal. Además, curiosamente, ha recorrido un camino que le ha llevado de ser un postre eminentemente casero a pasar a la carta de los restaurantes de la mano de los gallegos repartidos por todo el país.
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