El panettone vive una expansión internacional sin precedentes. Lo que durante décadas fue una elaboración estrechamente vinculada a la Navidad italiana se ha convertido en uno de los grandes campos de experimentación de la pastelería contemporánea. Nuevos sabores, versiones que desafían la receta tradicional, precios cada vez más elevados y concursos que proclaman al mejor panettone del mundo forman parte de un fenómeno que no deja de crecer.
Pero ¿hasta dónde se puede innovar sin desvirtuar el producto? ¿Está justificado pagar 60 euros por un panettone artesano? ¿Qué diferencia una elaboración técnicamente impecable de otra extraordinaria?
De estas cuestiones hablamos con Iginio Massari, leyenda de la pastelería italiana, durante su encuentro en Madrid con Oriol Balaguer, José Romero Barranco y Nuño García, fundador de Clan Obrador. El encuentro tuvo lugar el 14 de septiembre, en el Espacio ABC Serrano, durante Meet Massari R-Evolution 2026, una jornada organizada por Molino Dallagiovanna en torno a la tradición, la técnica y la evolución del panettone artesano.
Iginio Massari saluda al pastelero español Oriol Balaguer
Massari, que ha dedicado buena parte de su trayectoria al perfeccionamiento de esta elaboración, defiende una idea fundamental: la innovación solo tiene sentido cuando se sustenta en el conocimiento. «Antes de reinterpretar el panettone, hay que saber hacerlo», afirmó. En un momento en el que el panettone se ha convertido en una tendencia global, el maestro italiano reivindica la técnica, la sensibilidad y la calidad por encima de las modas.
El éxito beneficia al panettone si contribuye a difundir su conocimiento y su cultura. El riesgo de banalización aparece cuando se sigue una moda sin conocer realmente el producto. El panettone es una elaboración extremadamente compleja: antes de reinterpretarlo, hay que saber hacerlo.
La innovación es importante, pero debe respetar la identidad del producto. Se puede innovar en los sabores y las combinaciones, siempre que se mantengan reconocibles la estructura, el equilibrio y la técnica del panettone. Innovar no significa desvirtuar.
Los concursos son útiles cuando tienen reglas rigurosas, jurados competentes y contribuyen al crecimiento profesional. Sin embargo, el premio no debe adquirir más importancia que el producto. Al final, el juez más exigente sigue siendo el consumidor.
Preparación de los panettone
No es correcto juzgar un panettone únicamente por su precio. Un gran panettone artesanal requiere materias primas de calidad, mucho tiempo, conocimientos, control de las fermentaciones y un proceso de elaboración complejo. Todo ello tiene, inevitablemente, un coste. Pero es la calidad real del producto la que debe justificar su precio.
La masa madre, la harina y la mantequilla no son marketing: son elementos fundamentales. Se convierten en argumentos de marketing cuando se habla de ellos sin que sus cualidades se perciban en el producto. La técnica no se proclama: se saborea.
En España veo mucho entusiasmo, investigación y un crecimiento técnico muy importante. Los resultados internacionales lo demuestran. Italia cuenta con una tradición más larga, pero el talento no tiene nacionalidad. Lo importante es seguir estudiando, porque en el mundo de las grandes masas fermentadas nunca se deja de aprender.
Massari durante su intervención en Madrid
En absoluto. Me alegraría más que me molestaría, porque significaría que un gran producto de la cultura italiana ha sido estudiado y comprendido en todo el mundo. La calidad no tiene pasaporte. La tradición se defiende a través de la excelencia, no de la nacionalidad.
La sensibilidad. La técnica es indispensable, pero, llegado cierto nivel, se convierte en el punto de partida. La diferencia está en la capacidad de interpretar la materia prima, encontrar el equilibrio, mantener la regularidad y desarrollar esa sensibilidad que permite percibir lo que otros no ven.
La perfección absoluta no existe. Si creyera haberla alcanzado, dejaría de buscar y, por tanto, de mejorar. Nuestro trabajo consiste precisamente en intentar acercarnos cada día a algo que siempre se desplaza un poco más allá.
El panettone de Iginio Massari
Que detrás de su aparente sencillez se esconde una enorme complejidad. Un gran panettone es el resultado del equilibrio, el tiempo, el conocimiento y la precisión. Basta un pequeño error para echar a perder días de trabajo.
Naturalmente, puede ocurrir que no se comparta una valoración. Un concurso refleja un momento concreto y expresa el criterio de un jurado. Un premio merece respeto, pero no convierte automáticamente un producto en el mejor en términos absolutos. Al final, lo que cuenta es la calidad, la regularidad y la capacidad de emocionar a quien lo prueba.
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