Un lugar donde parar, sentarse y comer como en casa


La familia La Ancha da un paso en su trayectoria con la apertura de Taberna La Ancha en la Terminal 4 del aeropuerto madrileño. Ubicada junto a las puertas de embarque J y K, este nuevo espacio traslada el alma de la taberna tradicional a uno de los entornos más dinámicos, convirtiendo el tránsito en una oportunidad para detenerse y conectar con una cocina reconocible.

Con 558 metros cuadrados y capacidad para 166 comensales, el local se integra en el flujo constante de viajeros con una propuesta que busca precisamente bajar el ritmo. Un entorno marcado por la prisa donde la nueva Taberna La Ancha propone un paréntesis manteniendo intacta la esencia de casa de comidas que ha definido al grupo durante más de un siglo.

El proyecto, liderado por Nino y Santiago Redruello junto a Ekaitz Almandoz, supone la evolución de un concepto que nació en el Mercado de San Antón y que ahora se adapta a un formato más amplio y versátil. Desde desayunos hasta cenas, pasando por el aperitivo o la sobremesa, la oferta se ajusta a los distintos momentos del viajero sin perder de vista su origen, que se remonta a La Estrecha, la primera taberna familiar fundada en 1919.

La esencia de siempre también en tránsito

La carta recoge algunos de los grandes clásicos de la casa, pensados tanto para disfrutar in situ como para llevar. Platos icónicos como el escalope Armando o la hamburguesa San Jacoba conviven con su popular pincho de tortilla servido también con guarniciones como callos o migas, y una selección de raciones que incluyen chipirones en su tinta, albóndigas o ensaladilla. No faltan los bocadillos como el de oreja brava o el de carrillera, platos de cuchara como las lentejas y postres tan reconocibles como la tarta de queso de Fismuler, uno de los sellos dulces del grupo.

El diseño del espacio ha sido clave para trasladar esa identidad al aeropuerto. Amplio y luminoso, combina la madera, el mármol y el acero inoxidable, con una iluminación cálida para generar cercanía. El resultado es un ambiente que, pese a encontrarse en pleno aeropuerto, remite a la familiaridad de una taberna contemporánea, pensada para hacer sentir cómodo al comensal.

Más allá de la cocina, el proyecto también reivindica una forma de entender la hospitalidad: cercana, reconocible y honesta. Una filosofía que la familia ha mantenido generación tras generación y que ahora se adapta a un nuevo espacio sin renunciar a su esencia. Además, la apertura se enmarca en el proceso de renovación gastronómica del aeropuerto, que busca incorporar propuestas nuevas, con identidad local y que eleven el nivel de la restauración.

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