Ardbeg Dolce, donde el single malt se encuentra con Sicilia
Ardbeg, destilería de culto entre los amantes de los whiskies de expresión más compleja, profunda y salina, instauró hace ya unos años la tradición de presentar cada año, en una festiva celebración –el Ardbeg Day–, una edición especial de su single malt.
Aunque estas ediciones limitadas, que suelen ser versiones experimentales –a menudo bastante frikis– de su single malt mas conocido, el Ardbeg Ten, se presentaban habitualmente en la fiesta que tenía lugar en las instalaciones de la destilería, en la remota isla de Islay, actualmente estos eventos se replican en otros lugares del mundo, para alegría de los devotos que esta marca tiene repartidos por la aldea global.
Ardbeg y La Dolce Vita
Así, la nueva edición especial, Ardbeg Dolce, que corresponde a este año 2026, se ha presentado el pasado 30 de mayo en Alemania, con una fiesta que remite al espíritu de La Dolce Vita. Escocia e Italia unidos en un single malt que no tiene parangón.
El nuevo whisky llega ahora a España, con un número de botellas muy limitado, para que los amantes vernáculos de Ardbeg también tengan la oportunidad de probar el nuevo ingenio que han pergeñado los maestros mezcladores de la destilería de Islay.

Ardbeg Dolce, la nueva edición especial de la destilería de Islay
Las sensaciones dulces del Marsala
Lo primero que hay que decir es que Ardbeg Dolce no tiene nada de «dolce». O más bien poco, en todo caso. Quizás en su expresión aromática. Donde se revela la novedad que incorpora esta edición: una segunda maduración en barricas envinadas con vino de Marsala, lo que aporta matices de piel de naranja, albaricoque maduro, chocolate y recuerdos vinosos a los acentos propios del single malt característico de Islay, rico en notas ahumadas, salinas, de frutos secos, con la clásica turba que envuelve la expresión general.
El paso por boca es poderoso y envolvente, aunque no menos armónico y elegante. Con un final intenso y prolongado. En síntesis, un whisky singular que bien vale la pena probar, recordando La Dolce Vita y las posibilidades inexploradas que tiene un destilado poliédrico que siempre nos depara una experiencia más. ¡Aleluya!

