Si rectificar es de sabios, tal como reza el dicho, Javier Bohórquez es un bodeguero con la cabeza bien amueblada.
Porque este jerezano formado en Madrid, que decidió celebrar el cambio de siglo proyectando su propia bodega en la Ribera del Duero, no ha dado el brazo a torcer cuando la tan mentada crisis comenzó a hacer estragos entre los viticultores castellanos.
Pero, aunque su intención era mantenerse fiel a la producción de un único vino, de una sola uva y un solo viñedo –el tinto, Bohórquez que en menos de una década se ha consagrado como uno de los mejores riberas de la nueva generación–, el bodeguero ha tenido que cambiar su hoja de ruta para concebir también una segunda marca, que pudiera satisfacer las demandas de un mercado ávido de vinos que no superen los 10 euros.
Así es como ha nacido Cardela, un tinto de gran nobleza donde se perciben los fundamentos de la filosofía de Bohórquez: una viticultura respetuosa con el medio ambiente y una vinificación poco intervencionista, rigurosa en la selección de las mejores uvas y parsimoniosa en los procesos de fermentación y crianza.
De allí la calidad de este inesperado segundo vino de Bohórquez, que seduce por su frescura, complejidad y estructura, con nítidos recuerdos de fruta madura y aguerridos taninos.
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