Cocinero vocacional, formado en la alta cocina clásica que no renuncia al aprendizaje constante. Educado en la discilpina de las viejas cocinas, es un magnífico gestor de equipos, por eso su amigo y compañero Jorge Dávila lo fichó como chef ejecutivo del Grupo Álbora.

Sí, fue allá por 1973 cuando vieron sus primeras luces Medina y Zalacaín, el restaurante donde aprendió durante casi dos décadas de la mano de Benjamín Urdiaín, el maestro al que sustituyó. Antes hizo stages por doquier con Luis Irízar, Jesús Oyarbide –generoso en sus consejos-, Juan Mari Arzak, Óscar Velasco -amigo no solo compañero- o Ferrán Adriá. Tras ese periplo su amigo y mentor Jorge Dávila, con quien formó parte del equipo de Zalacaín lo fichó para ser chef ejecutivo del Grupo Álbora. Hoy se ocupa de A'barra y  Joselito's y supervisa Álbora donde oficia Raúl Prior.  Quizá la mejor muestra de cómo el clasicismo también requiere investigación son sus patatas soufflés.  Para lograr la excelencia ha trabajado con el Instituto Madrileño de Desarrollo Agrícola  (IMIDRA) para conseguir patatas con la calidad necesaria  para preparar esta difícil especialdiad durante todo el año. 

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