5 pastelerías para perderse por Asturias

La gastronomía asturiana ha encontrado su esplendor fuera de los grandes núcleos urbanos. Los restaurantes más reconocidos se encuentran hoy en los pueblos, en plena naturaleza, pegados a la tierra más que al asfalto. Algo parecido está sucediendo con las pastelerías: si bien las ciudades, sobre todo Gijón, siguen contando con grandes referentes, es fuera de ellas donde encontramos los proyectos más interesantes y pujantes del momento. Para conocerlos es necesario perderse por los lugares menos conocidos y visitados de Asturias, un aliciente más para acercarse a descubrirlos con calma.

Pastelería Cabo Busto

Busto, s/n, Cabo Busto, Valdés

Cabo Busto está marcado en los mapas de todos los golosos en ruta por la poco conocida y nada masificada costa occidental asturiana. Ubicada en un pequeño pueblo a la sombra de un faro, entre acantilados, es una de las pastelerías más instagrameables del país. Se encuentra en una casona de estilo tradicional pero pintada de colores llamativos, metáfora del estilo de Jonathan González Ovalle, su joven maestro pastelero.

Su propuesta se basa en pastelería creativa, con sabores trabajados y frutas de temporada. Además de sus exuberantes pasteles, Jonathan apuesta por creaciones propias, como su chocolate Orbayu, sus polvorones y sus Reinas de Cabo Busto: tres versiones del roscón de Reyes, femeninas y fuera de la temporada navideña: la Princesa, con predominio frutal, la Reina, de manzana y crema pastelera de vainilla, y la Reinona, de café, chocolate y caramelo. Otra de sus creaciones más queridas, y que no sufre en los viajes, es la tarta Asturias: mazapán de avellana, compota de manzana y gelatina de sidra.

En verano la demanda es tan alta que, en ocasiones, solo venden cajas surtidas ya preparadas, sin posibilidad de elegir las piezas: el menú degustación ha llegado a la pastelería. Pese a ello, sigue mereciendo la pena hacer la pequeña cola que se forma para llevarse a casa el tesoro de dulce, comerlo en el jardín de la pastelería o sobre una manta en la hierba de la ladera del acantilado.

El Fontán

Plaza del Fontán 15, Tineo

El Fontán representa el estilo y el gusto de las pastelerías de pueblo. No es protagonista habitual en los medios gastronómicos nacionales, pero su reputación entre locales y visitantes hace que los pasteles vuelen de sus vitrinas. Por eso es recomendable llamar y hacer encargos si se quiere elegir. El éxito de César Antón se basa en la sencillez, la frescura, la calidad artesanal y el sabor de la pastelería de siempre, actualizada a los tiempos en proporciones de azúcar y calidad técnica.

En Tineo, la capital de la mantequilla asturiana, todo lo dulce parte del hojaldre. El Fontán es un obrador donde se bordan los pasteles clásicos, sobre todo el milhojas, intenso de mantequilla y crujiente, con crema pastelera y merengue, y en general todos los pasteles con base de hojaldre, especialmente los de avellana. En Pascua hay que encargar su bolla, el regalo tradicional de los padrinos a los ahijados en el suroccidente, salada en su origen pero en la actualidad más apreciada y generalizada en su versión dulce, en concreto la bolla de hojaldre y cabello de ángel, una de las especialidades de El Fontán.

The Pantry by Éleonore

Calle Pablo Laloux, 13, Salinas

The Pantry by Éleonore es un obrador de panadería y pastelería situado a unos pasos del mar, en un coqueto local perfecto para la venta directa pero un poco frío en invierno por el continuo entrar y salir de devotos. Aún así, es un estupendo lugar para desayunar o merendar, aunque tampoco sea mala idea comprar una pieza y comerla mirando al Cantábrico apoyado en la barandilla del paseo marítimo de Salinas.

Como suele suceder en pastelerías que también son panaderías, sus masas son excelentes. Cristina Arias y Carlos Álvarez son extremadamente meticulosos en su trabajo, brillando en el cuidado y detalle de las masas laminadas: los cruasanes de mantequilla, el pain au chocolat, sus variados panes suizos, las minipalmeras… Lo difícil es elegir ante el hipnótico mostrador, donde todo apetece. El roscón de Reyes, siempre fresco y esponjoso, obtuvo el premio en la última edición del concurso para elegir el mejor de Asturias. Su bollo de Pascua de Avilés, una versión local del mantecado imperial con mucha tradición en la zona, también puede disfrutarse en pequeñas porciones. Los salados son un universo propio que merecerían reseña aparte.

La Gloria

Calle Rafael del Riego, 3, Turón

En Turón, La Gloria es un obrador tradicional renovado en 2024 por la joven pastelera Bárbara Pereira, manteniendo su nombre pero dándole un giro completo al negocio. Entre sus especialidades destacan su bollería y sus hojaldres, como las palmeras de pistacho, o el kouign-amann, un bollo francés de interior jugoso y corteza caramelizada, recuerdo de su etapa con Julio Blanco en Pomme Sucre. Bárbara ha mantenido la Tarta Turonesa de bizcocho, nata, avellana y yema tostada, tradicional especialidad de la casa, a la vez que se atreve con nuevas creaciones: la última de ellas, un canelé de ablana (avellana), fue el postre para finalizar una comida conjunta entre Casa Marcial y Casa Chuchu.

Un plan ideal para los viajeros que abandonan Asturias en coche hacia la meseta es desviarse unos kilómetros de la autovía y acercarse a Turón a comer. Además de una rápida inmersión en los restos de la cuenca minera asturiana, se puede hacer la última comida, y probablemente una de las mejores, antes de salir de Asturias, en Casa Chuchu, y luego comprar en La Gloria una buena provisión de dulce asturiano para llevarse a casa.

Confitería & Salón de Té Conchi

Avenida de Oviedo, 1, Pola de Laviana

Representando al valle del Nalón, puede sorprender la elección de Confitería Conchi frente a otras casas de mayor abolengo. Sin embargo, su valor reside precisamente en que Conchi Blanco, al frente del negocio, sus hijos, en el obrador, y todo su personal, han sabido mantener intacto el ambiente de las confiterías del valle, perfeccionando los grandes éxitos pasteleros de la zona, como los bartolos, pasteles de almendra y hojaldre típicos del concejo creados hace más de cien años por el repostero lavianés Gersán Martínez.

El local es colorido, como casi todo en la cuenca minera, salvo el cielo y algún resto del pasado carbonero, con botes de caramelos, bombones de buen tamaño y estanterías repletas de encargos listos para recoger. Todo parece medirse por la abundancia, y los pasteles se llevan por docenas y surtidos, salvo los bartolos, que suelen comprarse juntos para prevenir peleas de reparto en casa. Las ricas y variadas pastas justifican el inesperado apellido de “salón de té” del establecimiento. Entre las especialidades estacionales destacan sus figuras de chocolate y el bollo de Pascua, que en esta zona es de hojaldre, coronado por merengue y empenachado todo con plumas de vistosos colores.

Detalles como el cartel de “No se admiten pagos con tarjeta por debajo de diez euros”, pese al inconveniente, contribuyen a reforzar la sensación de reducto al margen del tiempo. Por eso mismo, los pasteles siguen siendo grandes y dulces. Un bartolo con un café en Conchi es un plan redondo de camino al cercano Parque Natural de Redes, como bien saben los muchos ciclistas que hacen allí parada atendiendo a la irresistible llamada de lo dulce.

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