Adiós a Michel Rolland, el «enólogo volante» que marcó una época
Falleció el 20 de marzo en su casa de Burdeos a los 78 años.
Michel Rolland, bordelés de Libourne, fue una de las figuras más influyentes de la viticultura global en el último medio siglo y un viajero incansable hasta sus últimos días. Fiel al papel del flying winemaker, el «enólogo volante» al que dio renombre y popularizó a partir de los años 80, saltando de país en país, como consultor enológico de bodegas que reclamaban sus servicios en cualquier rincón del viñedo global, desde Burdeos a Mendoza y de Rioja a California. Completó, así, un curriculum difícil de superar. La última vez que lo entrevisté, el propio Rolland calculó –a grosso modo– haber asesorado a más de 120 bodegas en 14 países. Aunque eso fue en 2013: habrá que sumar a la cuenta final unas cuantas más.
Argentina, su segunda patria
Además de mantener su actividad como asesor, Rolland viajaba porque también elaboraba sus propios vinos en distintos proyectos bodegueros que compartía con socios y su familia en diversas regiones: en Burdeos, España y Argentina. Pero quizo el destino –o lo que sea– que el infarto que puso punto final al vuelo del enólogo volador más influyente del los últimos 40 años le sorprendiera en su Burdeos natal. Así lo confirmó su esposa, Dany Rolland, también enóloga y socia de Michel en muchos de sus proyectos. «Michel sufrió un infarto anoche en Burdeos y no pudieron reanimarlo. ¡Una tragedia para nuestra familia en Francia!».
La noticia de la muerte del enólogo causó un fuerte impacto en Argentina, país que Michel y Dany Rolland visitaron hace apenas 10 días y que el bordelés consideraba su «segunda patria». Quienes coincidieron con la pareja en este último viaje, lo vieron con buen ánimo, aprovechando la ocasión para visitar sus viñedos.
Desde su primera visita a Argentina, en 1988, Rolland adquirió un fuerte compromiso con la evolución cualitativa del vino argentino. Proyectos como Clos de los Siete –que involucró a prestigiosos productores franceses – contribuyeron a afianzar la imagen de Argentina en los mercados del mundo. Rolland también apostó por desarrollar sus propios proyectos en distintas regiones del viñedo de aquel país (Bodega Rolland, Mendoza; Yacochuya, Cafayate, entre otros), lo que afianzó una relación de respeto y agradecimiento del sector del vino argentino por su figura.

Michel Rolland, en los viñedos de la Bodega Rolland de Mendoza (Argentina), junto a su hija Marie y su mujer, Dany, involucradas con el en este proyecto
La huella de Michel Rolland en España
En España también dejó huella. Quien ha sido el enólogo más pluriempleado del mundo mantuvo consultorías con bodegas vernáculas desde 1987, cuando llegó a Rioja para asesorar a Cosme Palacios. Desde entonces, regresaría a España en múltiples ocasiones, para ofrecer sus consejos a Carlos Falcó, marqués de Griñón, en el Dominio de Valdepusa (Toledo), asesorar a Marqués de Cáceres (D.O.Ca. Rioja), al grupo Freixenet e involucrarse en la producción de un tinto de Toro y un blanco en Rueda, Campo Eliseo, junto al también bordelés François Lurton. La bodega navarra Otazu recurrió a sus servicios, aunque con mayor compromiso se unió al empresario Javier Galarreta, en el proyecto Rolland & Galarreta que ambos lazaron en 2013 para firmar vinos procedentes de diversas regiones de España: Rioja, Rueda, Ribera del Duero…

Michel Rolland y el empresario español Javier Galarreta, socios en el proyecto Rolland & Gallarreta
Una figura polémica
Hombre cercano en el trato, carismático y siempre accesible, Michel Rolland era un profesional tan respetado –y reconocido– como a menudo controvertido. Porque no son pocos los que han llegado a señalar como el principal responsable del estilo que dominó el mundo del vino en la década de los 90. En sintonía con las valoraciones del gurú Robert Parker Jr, el enólogo bordelés consolidó el éxito comercial de aquellos tintos rotundos, maduros, estructurados y de paladar sedoso que cotizaban en alto y alcanzaban las mejores puntuaciones en las guías a finales del siglo pasado y principios del presente milenio. Procedían de regiones diversas –Ribera del Duero, Pomerol o Mendoza– pero respondían todos al mismo perfil.
El documental Mondovino (2004), que emergió como un grito rebelde ante ese proceso de «estandarización» del vino, situó a Michel Rolland en la picota, presentándolo como el mayor villano en este debate. El bordelés, sin embargo, supo quitarle hierro al asunto, desmarcándose del diabólico papel que pretendían endosarle.
“Me parece una acusación exagerada” –comentó entonces– “Siempre procuro que mis vinos no presenten defectos enológicos y destaquen en tres aspectos: armonía, equilibrio y complejidad. Quizás sea más difícil distinguir su origen cuando aún son jóvenes, pero cuando maduran y aflora el carácter del terruño, las diferencias se hacen evidentes”.
Más allá de toda polémica, la labor de Michel Rolland perdurará como un legado que sin duda enriquecerá el trabajo de las siguientes generaciones. Porque, al fin de cuentas, el mérito principal del bordelés ha sido «democratizar» el estándar de la calidad del vino en términos globales. Y eso si que ya nadie se lo puede afear.
Si te gusta disfrutar del vino, matricúlate en nuestros cursos de vinos online para aficionados.
