Bene Bono analiza los puntos clave del proyecto de Ley de Prevención de las Pérdidas y el Desperdicio Alimentario, aprobado en enero por el Consejo de Ministros.


El desperdicio alimentario es un tema crucial en el ámbito social y económico, con una grave implicación en las condiciones del entorno natural y el medio ambiente. Con la aprobación del proyecto de Ley de Prevención de las Pérdidas y el Desperdicio Alimentario, Bene Bono, startup que salva frutas y verduras ecológicas e imperfectas, analiza los puntos clave que marcarán, debido a esta la Ley, el rumbo del desperdicio alimentario durante los próximos años.

En el mundo se desperdicia un 30% de los alimentos que se producen, tal y como estima la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Con este proyecto, España se dota de un marco legal para prevenir pérdidas y controlar el desperdicio alimentario, y contribuir a mitigar estos números. Por el cual se establece que todos los agentes involucrados en la cadena alimentaria deberán contar, con un plan de prevención de pérdidas y desperdicio.

Ley contra el desperdicio alimentario

Así, Bene Bono, comprometida con la lucha anti-desperdicio alimentario desde su nacimiento en Francia, ha analizado algunos de los puntos que incluirá la Ley:

  • Productos imperfectos: una de las medidas incluidas sobre buenas prácticas. La Ley contempla que se incentive la comercialización de productos con fechas de caducidad próximas o de consumo preferente. Además, incluye la venta de productos imperfectos, de temporada y ecológicos. En esta línea, desde Bene Bono, mantienen su compromiso de dar una segunda vida a los alimentos que son rechazados por las grandes superficies, pero que están en perfectas condiciones para su consumo.
  • Prevención de pérdidas y despilfarro: se apunta a que la prioridad para prevenir las pérdidas sea siempre el consumo humano de los productos. Lo que incluye que las empresas de hostelería tendrán que poner a disposición de los consumidores opciones para que se lleven los productos no consumidos. También, se contempla la donación, mediante convenios de colaboración, o la redistribución de alimentos. Así, se contribuye a la vez a satisfacer las necesidades alimentarias de la población más vulnerable. Por otro lado, para evitar el desperdicio alimentario, además del consumo, se apunta a la transformación de los alimentos en otros subproductos. Como alimentos, zumos o piensos, siempre y cuando las condiciones para ello sean óptimas.
  • Optimización del trabajo y recursos naturales: otro de los objetivos de la norma pone el foco en la conservación de los recursos naturales. Así como el correcto aprovechamiento de las prácticas tanto de producción como planificación y comercialización de los productos.
  • Concienciación: tras su tramitación parlamentaria, la ley pretende sensibilizar a la sociedad de la importancia que tiene el desperdicio alimentario en los diferentes ámbitos. De forma que las alarmantes cifras se reduzcan y las prácticas correctas queden integradas.

Todavía queda mucho camino por recorrer respecto al desperdicio alimentario, además de diversos campos de mejora en los que promover el cambio de hábitos y la concienciación. Lo realmente importante es que estas medidas, una vez entre la Ley en vigor, se apliquen correctamente de forma que se alcance el efecto deseado”, indica Sven Ripoche, cofundador de Bene Bono.

 

 

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