Museo elBulli: el legado de Ferran Adriá

Vuelve elBulli de Ferran Adrià, pero ya no es un restaurante. Es un museo. De comer, nada de nada. Ni siquiera un snack de los que allí se pusieron de moda. Solo se puedo tomar café y agua en espacio expositivo que recoge el legado de Adrià y su equipo para salvaguardarlo y mostrárselo al mundo.

 

Muerte y resurrección del mejor restaurante del mundo

A partir del 15 de junio y hasta el 16 de septiembre 200 personas diarias podrán caminar por elBulli1846, previo pago de una entrada de 27,50 euros. Los interesados en la gastronomía podrán volver a Cala Montjoi (Gerona), aunque solo sea para pasear por la terraza, el comedor y la cocina, ver bocetos, fotos, facturas, menús, portadas de revista y platos míticos de la cocina de vanguardia española, como la menestra en texturas, reproducidos en silicona. Explorarán el local que albergó al mejor restaurante del mundo. El enclave desde el que se rompieron las normas de la alta cocina. Se harán fotos ante los fogones de inducción desde los que el mejor cocinero de la historia lo cambió todo.

 

Menestra de verduras en texturas – Recreación

 

Volver a elBulli, para quienes lo conocimos fue un shock. Un golpe de emociones encontradas, de recuerdos que se agolpaban en la garganta hasta casi provocar lágrimas. Claro que si no se estuvo allí cuando existía el restaurante es difícil sentirlo. Cada año, ilusionados, peregrinábamos hasta aquel rincón del cabo de Creus donde se juntaban un puñado de cocineros locos a preparar platos imposibles que servía el mejor equipo de sala que hubo jamás, con Juli Soler al frente. Era un viaje mágico, irrepetible. Siempre descubríamos cosas nuevas, que no siempre nos gustaban, pero que nos agitaban la conciencia y el paladar. Un modelo de aprendizaje nuevo, excitante y prometedor, que acabó haciéndose imprescindible.

 

Julia Pérez, Ferran Adrià y José Carlos Capel en elBulli1846

 

El cocinero que ya no cocina

Se hace raro que un cocinero no cocine. Y que en un restaurante (o lo que queda de él) no se sirva comida. Así son los nuevos tiempos de la realidad virtual. “Yo voy a una exposición de Norman Foster y no le pido que me haga una casa”, se justifica Adrià… O sí, depende de tu presupuesto porque Foster sigue construyendo.

 

 

Ferran Adrià se convirtió en el cocinero más influyente del mundo tras las portadas sucesivas de El País, The New York Times y Le Mond. En cinco ocasiones, los años 2002, 2006, 2007, 2008 y 2009, elBulli fue elegido mejor restaurante del mundo por la revista Restaurant, impulsora de la famosa lista The 50 best restaurants.  Además, aglutinó los máximos reconocimientos en todas las guías (Michelin, Lo mejor de la gastronomía, Gault et Millau, Repsol…) hasta que el 30 de julio de 2011, Adrià echó el cierre con la promesa de volver. Promesa que se fue diluyendo y modificando hasta esta nueva versión museística.

 

elBulli explicado por elBulli

Teniendo en cuenta la velocidad a la que se suceden los acontecimientos y la enorme capacidad de olvido de nuestra sociedad, la resurrección del elBulli es una gran noticia para los aficionados a la gastronomía y en general para la industria hostelera. Alguien tiene que explicar qué ha sucedido con la cocina en España y en el Mundo en los últimos 30 años. Y mejor que sean los protagonistas, quienes vivieron los hechos en primera persona. «Este proyecto es importante para que la gente no se olvide», insistía Adrià el día de la presentación a la prensa.

Es crucial que las nuevas generaciones de cocineros, para los que Adrià y elBulli  ya son historia, sepan que «la sistematización de la innovación a través del lenguaje de la cocina y la exploración de los límites de la experiencia gastronómica» tal como lo explica Lluís García (director general del patronato de elBullifoundation y ex director del restaurante), fueron cosa de los chicos de elBulli, de nadie más.

Sin ellos, sin el núcleo duro y la cohorte de bullinanos que pasaron por Cala Montjoi, la vida en las cocinas de hoy no sería la misma. Fueron ellos los que rompieron los tabúes, quienes compartieron conocimientos y recetas cuando nadie lo hacía y fue Adrià quien impulsó a los cocineros a ser libres, a replantearse las bases de la cocina para después innovar. Por algo ahora cuando le preguntan, Adrià dice “no soy experto en cocina sino en innovación”. No le falta razón. Fue él, y no otros, el que puso la casa patas arriba, aunque  Netflix no le haya dedicado un solo capítulo. Menos mal que Albert Adriá, su hermano y mitad de elBulli, si tuvo una aparición estelar en la sexta temporada de The chef’s table.

elBulli1846 pretende salvaguardar el legado gastronómico que se gestó en este rincón mediterráneo y darlo a conocer entre quienes no tuvieron la oportunidad de comer en elBulli. La cifra que aparece detrás del nombre y da título al proyecto es el número exacto de elaboraciones que se sirvieron en elBulli durante el periodo en que lo lideró Ferran Adrià, el restaurante existía antes de su llegada. También es el año de nacimiento de Auguste Escoffier, padre de la hostelería moderna. Coincidencia convertida en tributo.

Así es el museo

elBulli1846 no es un museo de vanguardia, no hay recreaciones, ni hologramas, muy poca interactividad con el visitante. Más bien es un museo vintage ¡Qué curioso que el padre de la vanguardia gastronómica no haya recurrido a las últimas tecnologías para contar su historia y haya preferido hacerlo al estilo clásico!

Lo que fue elBulli -el mejor restaurante del mundo- se ha transformado en cuatro grandes espacios expositivos reciben al visitante. El primero, al aire libre es un paseo dedicado a la reflexión sobre la cocina, la innovación y a la metodología Sapiens (la que elBulli aplica a todos sus proyectos y que traslada el rigor científico a ámbitos como la cocina. Es también un homenaje a los 2.5000 bullinianos, el personal de cocina o sala que pasó por el restaurante y se empapó de su filosofía.

 

Lluís García, director general de elBulliFoundation, y Ferran Adrià – Fotografía por elBulliFoundation.

 

Después se accede al edifico que en su día ocupaba el restaurante. Se ha mantenido tal y como era. Muebles, mesas puestas, botellas y todas las claves de la historia: fotos, contratos, cartas, minutas, listas de proveedores…  El tercero es un espacio dedicado a las relaciones interdisciplinares, con cientos de apariciones Adrià en prensa y toda la bibliografía surgida a partir de elBulli. Y el cuarto, un espacio dedicado a elBulliADN, que recoge todos los proyectos realizados por la fundación.

 

En el interior del museo

 

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