¿Es posible una contaminación intencionada de alimentos a gran escala? ¿Se podría evitar? ¿Es un riesgo real o ciencia ficción? ¿Funcionan los protocolos en la industria de la alimentación?


En septiembre de 2001 (les suena, ¿sí?, todos se acuerdan de lo que estaban haciendo cuando ocurrió una de las tragedias más grandes de la historia) se dieron cuenta de que no estábamos preparados para afrontar un tipo de terrorismo masivo. Uno que podría hacer tanto daño a la sociedad como el que hizo la caída de las torres gemelas.

 

Un antes y un después en la historia, también en la del Imperio.

 

Aún en shock, la sociedad se dió cuenta de que era vulnerable. También la industria alimentaria tomó conciencia de que podía convertirse en un arma de destrucción o ser objeto de un ataque intencionado. Hasta este momento sólo se había valorado los peligros dentro de la propia industria, nunca se tuvo en cuenta que vinieran de fuera. Por este motivo surge Food Defense.

Alertas y simulacros

¿Se imaginan el daño que podría hacer a la sociedad la contaminación intencionada de alimentos? Aunque podamos leer noticias de problemas con alimentos, no tienen por qué haber ocurrido de forma intencionada. Sin embargo, sí que pueden existir retiradas  de productos alimentarios ocasionadas por una Alerta Alimentaria. Para ello, nos preparamos en la industria (el Imperio, como nosotros lo llamamos) realizando simulacros de crisis que garanticen una retirada eficaz intentado evitar el mayor daño posible. Dependiendo de la gravedad se informa a las autoridades sanitarias, incluso a la prensa. Estas alertas pueden ser debidas a errores de manipulación o por problemas microbiológicos (¿se acuerdan de los biofilms? Imagine que, sin que nos demos cuenta, contaminan un producto).

Del Episodio IV aprendimos a hacerla más grande y del VII que había que pensar, y eso hicimos

 

Los retos de la seguridad alimentaria

Pero cuando hablamos de prevención en Food Defense pensamos en algo distinto: está hecho para dañar, ya sea a la sociedad o al Imperio, es decir a la industria alimentaria.

Un caso específico puede ser el fraude alimentario: conscientemente «alguien malvado» del Imperio decide engañarle. ¿Se acuerdan de las hamburguesas de caballo? No se iban a intoxicar con ellas, aunque no estaban declarando que se trataba de ese tipo de carne, y eso es fraude.

Para intentar evitar que nos ocurra un ataque intencionado, que ya nos ha pasado dos veces y parece que no aprendemos, tenemos que ser conscientes de dónde nos pueden venir los ataques. Como vimos en Rogue One, podemos pensar que alguien de dentro puede hacerlo, y además comprobamos que siempre hay un sitio por donde La Resistencia puede atacar, haciendo un símil con Star Wars. Esto no es una obsesión, es una realidad. Desde hace años se han encontrado casos de, por ejemplo, trabajadores descontentos que intentan atentar desde dentro contra nuestras sedes.

Nunca sabes si el empleado del mes puede convertirse en un terrorista alimentario, además de ser un guarro.

Lo que muestra la imagen, pese a ser una guarrada, es de las posibilidades «menos graves» que podemos encontrar. Imagine un ataque terrorista contaminando con toxinas los alimentos. En este caso, no sería tan importante la imagen dañada de la industria como el peligro real para la sociedad. Para la industria es básico que se recupere la confianza cuanto antes y que el perjuicio social sea el mínimo posible.

Preparados para contraatacar

Con estos datos elegimos el Equipo Food Defense y a su líder. Líder y equipo, ambos preparados para analizar los posibles peligros que puedan amenazar a la sociedad y a la propia industria alimentaria.

Nuestra Líder. Es agradable salvo que intenten atacar al Imperio

Se realizarán simulacros poniendo a prueba a toda la estructura de la industria para estar preparados frente a cualquier ataque, para que nadie tenga ninguna duda sobre cómo actuar si ocurriera.

Imaginen que quieren contaminar con Salmonella un alimento haciéndose pasar por empleados de otra empresa que vienen a arreglar una máquina. Debemos evitar que lo consigan desde diferentes frentes: controlando el acceso a la planta, identificando a quien sí está autorizado, no dejando sólo a personal ajeno e implicando a la gran primera línea de defensa: los empleados.

La industria solo puede trabajar desde la prevención. Para ello se analizan todas y cada una de las situaciones posibles, por rocambolescas que parezcan. Y se valoran las medidas a adoptar, para evitar que nadie, ya sea desde dentro o fuera, tenga opción de cometer un atentado alimentario.

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