Cada vez utilizamos más este ingrediente propio de las cocinas asiáticas y latinoamericanas. Pero ¿es leche de coco todo lo que hay dentro de la lata?


He tenido la suerte de realizar una cata de “leche de coco”. Les he dicho “leche” muy consciente. Este ingrediente como tal, se utiliza con mucha frecuencia en la cocina asiática, centroamericana y sudamericana. (En España está autorizada la “leche de almendras”, cada uno con sus rarezas).

 

Leche, crema, agua: tres productos diferentes

En la cata de leche de coco probamos varios productos  envasados en lata, con el mismo nombre procedentes de diferentes países,  de aspecto, textura y sabor muy (pero que muy) diferentes.  Desde un sabor harinoso hasta un amargor inusual. En ninguno de ellos encontré el sabor que esperaba de una “leche de coco”. No piensen en el agua de coco, ni en  la bebida vegetal de coco, que no tiene nada que ver.  Tampoco en  la crema de coco, (coconut cream) que es un derivado que utiliza la parte dulce que se emplea en repostería. La leche de coco es la pulpa (parte blanca) del coco maduro rallada, pasada por una estameña (primera leche), que después es mezclada con agua en la proporción adecuada y se vuelve a filtrar (segunda leche). Un líquido rico en azúcares y grasas que se disgregan con facilidad. Les hablo de un producto denso, con una gran palatabilidad, cuya textura inunda por completo todos los rincones de la boca. Se comienza por notar la grasa y se termina por disfrutar de la intensidad del sabor.

 

Después de valorar en cada una de ellas el sabor, olor, aspecto y textura pudimos ver sus listas de ingredientes.

La mayoría partía de extractos de coco en diferentes proporciones (desde el 20% hasta el 90%). Extractos, no leche como tal. Además, en todos ellos, se añadían en diferentes proporciones, aditivos como, antioxidantes, estabilizantes, goma guar, emulgentes… Todos ellos con funciones muy lógicas: evitar que salgan grumos y favorecer que la textura sea correcta. Que el aspecto final sea agradable a la vista, en definitiva. Gracias a esos aditivos se conseguía que con menos cantidad de materia prima el aspecto fuera apetecible y homogéneo.

 

Sin aditivos, ni procedente de extracto

Me llamó especialmente la atención este producto. Fíjense qué textura. En cuanto abres el bote te encuentras esto.

Cuando mirabas en la lista de ingredientes, no tenía ninguno de esos aditivos. Únicamente leche de coco y agua. El sabor era el más parecido a lo que esperas del producto, pero con un aspecto menos agradable a la vista. Realmente la única de las leches de coco que sabían a coco. Si no conoces el producto (o siempre has comprado los otros) pensarás que tiene algún problema. Incluso que está en mal estado, pero es justo lo contrario. Este es el aspecto de una leche de coco a la que no se  han incorporado aditivos que modifiquen la textura. De todas las muestras, la más “natural” es la que por error puede ser rechazada por el consumidor. Incomprensible ¿verdad?

 

Instrucciones de uso

Por supuesto, será imprescindible añadir un modo de utilización para obtener la textura adecuada para su correcto manejo.

Destaco algo importante, en la etiqueta de Leche de coco Goya si indica que es necesario agitar el producto antes de utilizar para conseguir que el producto quede homogenizado.

Y lo hemos comprobado,  una vez se había homogeneizado, el sabor (incluso la textura), ganaba con creces al resto de referencias que probamos en la cata, no porque no tuviera aditivos sino porque la cantidad de leche de coco era muy superior al extracto que contenían las anteriores, lo que intensificaba notablemente el sabor. Se había convertido en un producto completamente diferente. 

 

Lo feo también es bueno

El rechazo previo era fruto del desconocimiento. Eso me hizo pensar en que muchas veces decimos que queremos “algo natural” pero nuestra vista y nuestras elecciones no coinciden con lo que pedimos. Los aditivos son siempre seguros, de eso no hay ninguna duda, y para eso están, pero: ¿Cuántas veces más habremos penalizado un alimento que no los tenga?

No pasa sólo con esto, la fruta pequeña, golpeada, con colores poco uniformes, es la última elegida en los supermercados. Lo mismo ocurre con la verdura, carne o pescado. El aspecto es fundamental. Queremos alimentos iguales, bonitos y brillantes, con buen aspecto. 

Así que ya saben, cuando vean un producto, antes de desecharlo por su aspecto, consulten el etiquetado, ahí tendrá la clave de lo que está comprando. A veces pedimos productos naturales, sin aditivos y cuando los tenemos los rechazamos porque su aspecto no es el que esperamos.

Ahora ya tienen la información, en su mano está la decisión.

Aquí les dejo una receta elaborada con este interesante ingrediente.

Lomo de bacalao sobre coulis de ajo y leche de coco

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