Es el mejor fast food del mundo. Comer acodado en una barra compartiendo charla y buenos alimentos es un placer. Cazuelas, raciones, pinchos, tapas, chacinas, frituras, marisquito,  laterío fino, cocina y productos para satisfacción de la multitud de seguidores que tienen los buenos bares, los clásicos o los reinventados. Estos son algunos de los que más frecuentamos.


Albora. Jorge Juan, 33. Tel.: 91.781.61.97

Imprescindible a la hora de probar los mejores jamones y chacinas ibéricas de bellota, de Joselito, especialmente su trilogía de jamón vintage de diferente añadas, además de los cortes de ibérico a la brasa. Riquísimas croquetas, estupenda la ensalada de tomate con bonito escabechado de Ondarroa (de diez), la costilla deshuesada asada en parrilla, y por supuesto, la torrija. Una barra donde manda un producto de magnífica calidad (conservas La Catedral, verduras ecológicas, pescados de nivel), que triunfa cuanto más sencillo sea el plato. En nuestra última visita probamos también alguna propuesta más “mundanas”, como el ceviche de corvina o la ensalada de mango thai.  La oferta vinícola también está a la altura.

Puerta 57. Padre Damián, s.n. Estadio Santiago Bernabéu. Puerta 57. Tel.: 91.457.33.61

La familia Tejedor, pionera en instalarse en el Bernabéu, tiene aquí una de las barras mejor pertrechadas de Madrid. Espaciosa, cómoda y muy bien trabajada, sirven todo tipo de raciones, tapas, guisitos, cazuelas, frituras de pescado, marisco de todas las costas, jamones y embutidos de primera, mil cosas que permiten comer estupendamente sentado en un taburete. Para no perderse su magnífica ensaladilla rusa, sin duda entre las mejores de la ciudad. Una barra con mucha entidad, magnífico producto bien tratado, a la que siempre apetece volver.

Rafa. Narváez, 68. Tel.: 91.573.10.87

Si te gusta el marisco este restaurante será tu perdición. Desde su barra se ven los tentadores escaparates que reciben a la entrada del local con percebes como dedos pulgares, cigalas de tronco, gambas blancas de Huelva, rojas de Mediterráneo, ostras, camarones… un desfile de fruslerías marinas a las que es difícil resistirse. Como al salpicón, la mojama, los boquerones en vinagre, el pulpo, el montadito de merluza a la romana o, también aquí, una ensaladilla rusa que es uno de los hits de la casa. Todo ello para tomarse acodado tranquilamente con una caña bien tirada o uno de los vinos –muchos blancos- de la carta. Lo dicho, una barra imprescindible.

AskuaBarra. Arlabán, 7. Tel.: 91.593.75.07

Nacho y Jorge Gadea (sala y cocina, respectivamente) revalidan aquí la (buena) fama de su padre, Ricardo Gadea (Askua, Valencia). De casta le viene al galgo. Por eso en un escenario muy sencillo, desnudo (quizás demasiado), lo que brilla realmente es la materia prima, de calidad incuestionable. Ensaladilla rusa –sí otra más, muy buena también-, bravas, melosos callos, chipirones ahora que es temporada, unas riquísimas cocochas, croquetas, anchoas y, sobre todo, un espectacular montado de steak tartar, con el aliño medido, de lo mejorcito que se puede probar en Madrid. Vayan, prueben y luego nos lo cuentan.

Taberna Arzábal. Avda. Menéndez Pelayo, 13. Tel.: 91.409.56.61

Iván Morales y Álvaro Castellanos han sabido dar con la varita mágica que convierte en oro todo lo que toca. O casi. Pero todos los negocios que hoy en día les funcionan (Club A, Lovnis) se lo deben a la casa madre, esta taberna ilustrada o del siglo XXI que es Arzábal. Siempre llena hasta la bandera, el secreto no es otro que dar una cocina de base tradicional puesta al día, de buen producto, que cuida las elaboraciones, la presentación, convence y anima a repetir. Trabajan con la estación, las buenas conservas, jamones y chacinas, quesos, setas, caza, los pescados del mercado, las carnes rojas. Casi todo es recomendable, desde las croquetas a los escabeches, la burrata, los callos, los mejillones en cocotte a la francesa, el tartar de bonito, la cuchara del día (por ejemplo, las pochas, ahora que están en sazón). Una carta para tomar de pie o en alguna de las mesas, con un servicio amable e informal y una bodega apetecible y bien pensada. Ah, y no se pierdan su adictivo cubo de mantequilla que sirven con los aperitivos, emblema de la casa.

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