Cinco conceptos que amplían el mapa gastronómico de la ciudad


¿Nunca habías echado tanto de menos al sol como en las últimas semanas? La sensación de temporal infinito nos ha dejado con ganas de salir y volver a comernos la ciudad. La oferta es amplia, pero no siempre todo vale, y desde Gastroactitud recomendamos aquí algunos de los restaurantes que hemos visitado y que más nos han convencido en los últimos meses.

En esta selección hay un poco de todo: un viaje por las cocinas latinoamericanas, proyectos jóvenes que representan bien a la nueva cocina catalana, restaurantes donde el producto se sitúa en el centro y una fonda mexicana que demuestra que la cocina callejera puede tener profundidad de sabor, técnica y relato. Propuestas distintas entre sí, pero con un denominador común: coherencia, identidad y oficio.

Chambacú, un viaje por las cocinas latinoamericanas

Carrer de Muntaner, 185 · 08036 Barcelona. Precio medio: 35–45 € (Candela) · 55–95 € (Memoria)

Chambacú propone un recorrido por la gastronomía latinoamericana desde dos espacios bien diferenciados. Candela, más informal, funciona como un lugar de comida callejera para compartir, con una carta dinámica, precios accesibles y una coctelería bien pensada. Memoria, por su parte, ofrece una experiencia más pausada a través de dos menús degustación —corto y largo— en un entorno íntimo.

El proyecto está liderado por Santiago Sánchez Arango, con una trayectoria que incluye cocinas como Mugaritz, A Fuego Negro o Arrea. Ese bagaje se traduce en una propuesta técnica y ambiciosa, poco habitual en Barcelona en lo que a ingredientes se refiere, con productos y sabores poco reconocibles para el comensal local.

Como consecuencia de esta originalidad —y del uso de productos latinoamericanos menos habituales o menos valorados gastronómicamente en este lado del Atlántico—, la pedagogía que ofrece el equipo resulta clave. En Chambacú cada plato tiene un relato y un contexto que ayudan a entender el recetario latinoamericano, el origen de los ingredientes y el porqué de su puesta en escena.

Conviene ir con tiempo y curiosidad. Aquí no se viene solo a comer, sino también a escuchar, aprender y dejarse llevar por una narrativa culinaria poco común en la ciudad.

Restaurantes Barcelona

Paloma, cocina callejera mexicana con técnica y chup-chup

Carrer de Bonavista, 21 · 08012 Barcelona. Precio medio: 30–40 €

El barrio de Gràcia suma una fonda mexicana auténtica que mezcla el sabor de platos menos conocidos de la cocina popular con técnicas contemporáneas, ampliando el foco más allá de los clásicos habituales.

La responsable de cocina, Paloma Ortiz, reinterpreta recetas como la ensalada César —con casi un siglo de historia y nacida en Tijuana— y elabora distintos moles con guiños locales, demostrando que la cocina callejera mexicana tiene recorrido, fondo y complejidad. La carta líquida acompaña con mezcales, micheladas y una versión propia del Paloma.

El espacio ocupa una antigua hamburguesería tipo diner, que conserva los sillones rojos y las mesas ancladas a la pared, aunque el cambio de concepto es total. Entre los platos más recomendables destacan la coliflor al pastor, el taco Gobernadora de camarón y el pollo a la brasa con mole negro, motivos suficientes para volver.

El proyecto cuenta además con el respaldo de Kim Díaz (Grupo Mutis), que busca acercar México a Barcelona desde una mirada más auténtica y con raíces.

Restaurantes Barcelona

Rectangle, producto y brasa en formato reducido

Carrer de Sepúlveda, 23 · 08015 Barcelona. Precio medio: 40–55 €

Rectangle es un pequeño restaurante de barra y pocas mesas donde todo sucede a la vista. El espacio es mínimo y permite seguir de cerca la actividad de cocina, favoreciendo una experiencia directa y sin intermediarios.

La carta es corta y bien seleccionada, con protagonismo del producto y cocciones que pasan en muchos casos por dos pequeñas robatas japonesas. La cocina es minúscula —las robatas están incluso fuera de ella, en la barra— y toda la oferta está pensada para finalizarse al momento, apoyada en un trabajo previo de fondo bien ejecutado.

El carácter funcional se refuerza en cada detalle, incluidos los platos rectangulares de metal que dan nombre al local. Detrás del proyecto están Martí Badia, Carlos Arocha y Marcos López: los dos primeros se conocieron trabajando juntos en el desaparecido Palo Verde, y el tercero aporta el criterio en sala y en la oferta líquida.

El ambiente es informal, con buena música y una energía joven que recuerda, sin impostura, al imaginario de brigada concentrada popularizado por series como The Bear. Entre los platos más representativos, la croqueta de carne mechada inspirada en el pabellón criollo venezolano, el maitake con hummus y almendra y el solomillo servido como pincho.

Finorri, cocina catalana de territorio en Ciutat Vella

Carrer de la Boqueria, 23 · 08002 Barcelona (Hotel Condal). Precio medio: 45–60 €

Finorri se entiende desde la atmósfera y desde el paladar. Al entrar, el espacio transmite cercanía y una sensación de casa, con un punto castizo y elegante —un poco “finorri”, pero bien entendido— en la decoración, los uniformes y el trato en sala.

El restaurante cuenta con cocina vista y una barra perimetral que estructura el espacio. En sala, el papel de Lluís Roig resulta clave, tanto por la atención como por una bodega bien pensada, coherente con la propuesta gastronómica y recomendada con soltura.

La carta es corta, clara y bien estructurada, y combina buen producto con una base sólida de cocina catalana expresada en fritura, brasa, cuchara y guisos. El recetario tradicional convive con sugerencias fuera de carta adaptadas a la temporada.

Para empezar, conviene fijarse en algunos fuera de carta como los níscalos a la brasa, la gilda con tomate seco y piparra ahumada o la parpatana de atún con caldo de fricandó y trompetas de la muerte. Como principales, destacan el guiso de calamarcitos rellenos o la molleja de ternera con reducción del jugo y apionabo. Mejor pedir medias raciones y dejar espacio para los postres de Eva Feliu (ex Aürt), de dulzor contenido y con relato propio.

Restaurantes Barcelona

Arraval, nueva cocina catalana desde el barrio

Carrer de la Lleialtat, 10 · 08001 Barcelona. Precio medio: 45–55 €

Arraval nace con la voluntad de trasladar el espíritu inquieto, multicultural y valiente del Raval a una propuesta gastronómica contemporánea con raíces claras en la cocina catalana. Al frente están Jordi Carbonell, Marcos Valyi y Álex López, tres cocineros jóvenes formados en casas como Alkimia o Al Kostat del Mar, bajo la influencia de Jordi Vilà (1 estrella Michelin en Alkimia).

Su cocina encaja de lleno en lo que se empieza a denominar “nueva cocina catalana”: base tradicional, producto local —con alguna excepción puntual— y dominio de técnicas contemporáneas al servicio del recetario.

Trabajan desde la sencillez, el respeto al producto y una ejecución precisa. Entre los platos más representativos destacan el bikini de sopa de cebolla, la pizza frita con erizo de temporada, la pera a la sal con endivias, nueces, recuit y raifort o la pilota de escudella con patatas fritas.

Mención especial para los garbanzos recién salidos de la olla con gamba y níscalo ligeramente escabechado, ejemplo de cocina de cuchara afinada y actual. La sala, sobria y cálida, se accede desde el pequeño hotel boutique Casa Teva. El barrio no es el más fácil de la ciudad, pero la propuesta de Arraval justifica el desplazamiento.

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Isabel Conde

Isabel Conde

Periodista licenciada en la UCM se ha especializado en gastronomía porque es su pasión. Nos mantiene al día de las novedades de Barcelona, entrevista a cocineros y realiza interesantísimos reportajes sobre tendencias, novedades, etc.

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