La vorágine de aperturas no cesa. Con la nueva temporada y curso gastronómico llegan también las novedades. Éstas son sólo algunas de las que nos han parecido más interesantes, por ahora. Continuará…


Lovnis. General Pardiñas, 56. Tel.: 91.795.77.57. Precio medio: 20-30 euros.

Es el divertido nombre (acrónimo de love + ovni) del recién estrenado establecimiento de Iván Morales y Alvaro Castellanos, con una fiel legión de seguidores gracias a su Taberna Arzábal. Este nuevo es un espacioso local (arriba barra y mesas altas, abajo amplio comedor) de cuidada decoración vintage, paramentos de ladrillo, vigas, madera y algún que otro toque galáctico. Y en la mesa informalidad, platillos y raciones de toda la vida, además de platos combinados con diferentes guarniciones para personalizarlos, suficientemente contundentes y a un precio que no supera los 12 euros. Todo muy razonable, desde la calidad del producto, a la cocina y desde luego cómo se tarifa. Propuestas agradables desde la ensaladilla rusa a los calamares con piel de lima, los mejillones con nata y chile habanero, las albóndigas, los huevos fritos con chistorra o el pollito picantón rustido. La vajilla retro y las viejas bandejas de colegio en que se sirven algunos platos forman parte de su encanto. Como su ya emblemático cubo de mantequilla.

● Beker6. Hermanos Bécquer, 6. Tel.: 91.173.43.97. Precio medio: 50-60 euros

Era el antiguo Laray, pero el lavado de cara que le ha hecho Cousi Interiorismo le ha dejado irreconocible, con un aire entre bistrot chic y elegante restaurante del barrio de Salamanca. Detrás de la propuesta está el chef Alvaro Cano, que durante años detentara el conocido Sayat Nova, de ahí que la carta tenga irrenunciables reminiscencias árabes, que se unen a otros platos de factura clásica. Hummus, hojas de parra rellenas, cuscús, se comen con agrado, como el jurel asado con puré de patatas al mortero, el curry rojo de merluza o la codorniz en camisa de barro, una cocina de matices morunos, toques dulces y frescor de hierbabuena que en general convence. Los detalles, la cristalería, la cuidada vajilla, y el servicio en sala comandado por Aída Cano, suman puntos.

Atico. Hotel The Principal Madrid. Marqués de Valdeiglesias, 1. 6ª planta. Tel.: 91.532.94.96. Precio medio:35-45 euros.

Ramón Freixa se ha hecho cargo de la oferta gastronómica de este remodelado –con innegable acierto- hotel. En consonancia con la filosofía cosmopolita y urbana que se le quiere dar a la restauración, el cocinero catalán ha vertebrado una carta asumible, contemporánea, en la que muchas propuestas se pueden compartir. Croquetas (mejor las de jamón que las de boletus), tartar de tomate con burrata, eclair de foie gras, una divertida pizza invertida de atún con katsuobushi y wasabi o las láminas de ternera con esferificación de parmesano y salsa hoisin, son platos que delatan el toque personal del cocinero catalán. Y siempre conviene dejarse un hueco para el chocolate de postre, un fuerte de Freixa. El elegante restaurante también se prolonga en un invernadero y una terraza con espectaculares vistas de la Gran Vía madrileña.

La Bodega de Luis. Manuel de Falla, 5. Tel.: 91.344.06.16. Precio medio: 40-60 euros.

José Luis Jiménez tiene un restaurante homónimo en Barcelona desde hace más de 30 años, pero se ha venido a instalar en Madrid, en el mismo local que en su momento ocupara Príncipe de Viana y después IO. Pocos han sido los cambios estéticos –mantiene la estupenda terraza, la amplia barra con mesas de la entrada, el comedor superior- pero sí han sido notables los gastronómicos. Una larguísima carta de corte claramente tradicional y dejes catalanes, por producto y cocina. Por eso son habituales platos como las alcachofas a la catalana, la típica bomba (muy picantita), los caracoles, el guiso de garbanzos y gambas, la coca –mejorable- con butifarra, los pescaditos de playa fritos, el romescu o una adictiva salsa alioli, posiblemente la mejor de Madrid. Tampoco faltan los bacalaos (por ejemplo con habitas y menta) o el fricandó de ternera con setas, todo ello con un producto de regularidad mantenida y una cocina en general correcta, aunque con una ligera tendencia a pasarse en los puntos de cocción. El servicio algo despistado.

La Jefa. Recoletos, 14. Tel.: 91.621.76.74. Precio medio: 25-40 euros.

Acaba de abrir y ya llena a diario. No es extraño porque destila encanto y buen gusto. Un aire chic y trendy que encaja perfectamente con la clientela del barrio de Salamanca, gente guapa que no sólo busca comer. El acertado ejercicio de interiorismo se debe a una desconocida –pero prometedora- Marta Auyanet, que juega con muebles ingleses antiguos y de diseño nórdico, objetos vintage y papeles estampados de Gastón y Daniela. Puesta en escena que responde al concepto de sus propietarios, dos jóvenes tinerfeños (Leo Tabares de Nava y Emilio Jover), que buscan una cocina viajera y cosmopolita –“colonial, la llaman-, de influencias peruanas, mexicanas o latinas con algún toque asiático, pero que tampoco deja de lado ciertos productos canarios, como las deliciosas papas que sirven con ají cristal. Y en la carta platos como las croquetas de ají de gallina de sabor potente, el tiradito nikkei de chicharro con salsa ponzu y rocoto (bastante picante), la causa de papas moradas, el pez mantequilla con un original tabulé de quínoa, uno de los platos más conseguidos, las arepitas con diferentes rellenos –la mejor, la papada de cerdo- o el mole de carrillera de ternera, al que le falta melosidad. Una cocina que necesita un ajuste. A destacar su atractiva carta de vinos, también por copas.

Tatel. Pº de la Castellana, 36-38. Tel.: 91.172.18.41. Precio medio: 50-60 euros.

Dos empresarios del mundo del ocio turístico y nocturno, Abel Matutes Jr. y Manuel Campos (Ushuaïa y Blue Marlin Ibiza) junto a tres celebridades como son Rafa Nadal, Pau Gasol y Enrique Iglesias, se han unido en este nuevo proyecto de restauración, que desde los inicios nace con vocación de replicarse en EEUU, México y Reino Unido. Ocupa el mismo local donde antes se ubicaba Plató, reconvertido completamente por el estudio italiano Ilmiodesing, un ejercicio de interiorismo que no deja indiferente. Mucho espacio dividido en una pequeña terraza acristalada, impresionante barra, mesas altas y a continuación un gran comedor central en torno al que se articulan diferentes salas a modos de abiertos privados. Ver y ser vistos parece ser la máxima que va a imperar en Tatel, que por las noches apuesta por las copas, los cócteles (uno de sus puntos fuertes), la música en directo y las actuaciones de Dj’s. Para la gastronomía cuentan con el asesoramiento de Nino Redruello (Las Tortillas de Gabino, La Gabinoteca), que se encarga de dar de comer y cenar a las 225 personas que caben en el establecimiento (y a no llega dos meses de apertura les aseguramos que llena día y noche). Partiendo de una cocina tradicional y de temporada puesta al día, se ha pensado en una carta para todos los gustos. Croquetas (sólo de bechamel), ensaladilla rusa con carpaccio de cigala (el día que estuvimos allí fue la peor propuesta; patata dura, mahonesa insípida), boqueroncillos al ajillo hechos al revés (los terminan con aceite frito en la mesa) con un gracioso toque thai, y otros muchos platos entre los que no faltan la tortilla velazqueña, las ensaladas, los callos, o un apartado específico para los arroces. Con los segundos, por ejemplo bacalao negro al estilo Nobu o la milanesa, que reivindican como especialidad de la casa: jugoso filete empanado bien estirado sobre el que el camarero unta delante del cliente un meloso huevo poché, para a continuación rallar generosamente trufa de verano por encima. Un plato que se come con gusto. Con los postres torrija con helado de cáscara de cítricos, tarta de limón… un apartado amplio con las mismas luces y sombras que el resto del menú.

Rooster. Juan Bravo, 25. Tel.: 91.546.59.96. Precio medio: 35-50 euros

Todavía no ha hecho un año que abrieron; y sí, no es nuevo, pero recientemente ha incorporado novedades que le traen hasta estas páginas. Como la recién estrenada terraza. O la nueva oferta para cenar en la barra. Y a todo esto se une un cambio de carta, en la que el chef Alfonso Castellano –y copropietario junto a Alfonso Vega, y Ana Castellano, maître y sumiller respectivamente- vuelve un poco más al estilo culinario de El Patio de Leo que en su momento le valió estupendas críticas. Ahora la barra gana protagonismo con un expositor que muestra el producto del día (pescados, hortalizas…) y muchas propuestas para picotear y compartir. También en el comedor se pueden pedir muchas medias raciones, elaboraciones apetecibles, cocina de temporada muy sensata, de corte actual y que cuida el producto. Por ejemplo unas apetecibles parrochas en escabeche de cítricos, o la tortilla vaga (sólo se hace por un lado) de piparras y boquerones, jugosa y original; los callos (más tabernarios que burgueses), los pescados (muy ricos los boquerones a la parrilla con romesco o el salmonete rojo con zanahoria en texturas), jugosa la ternera lechal gallega con una académica demi-glace o unos postres que mantienen el nivel. Los vinos, acompañan.

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