Este antiguo estofado de la Región de Île de France, históricamente elaborado con carnero, es anterior a la aceptación de las patatas como alimento habitual en los hogares de la clase media. Se puede preparar con cuello, espalda o pecho del animal. Desde 1827, fecha de la batalla de Navarin a la que, al parecer, hace alusión el guiso, (otra teoría apunta, sencillamente, al nombre del nabo, tubérculo habitual en la cocina antigua) ha habido cambios importantes como la utilización de animales más pequeños con un peso máximo de catorce kilos (lechales o ternascos) y la inclusión del tomate en el sofrito y las patatas han sustituido a los nabos.
En el libro de famoso crítico francés Curnonsky, La Cocina Regional Francesa, no aparecen ninguno de estos alimentos americanos en la receta, no se requiere un fondo previo ni ninguna hierba aromática por lo que el guiso se limita a un estofado de carnero – animal mayor que el cordero-, cebollas, zanahorias, harina, mantequilla, vino blanco y nabos añadidos al final. El tiempo y los cocineros de las diferentes épocas, sin embargo, han ido añadiendo otros elementos que no desvirtúan su esencia, sino que incluso, la mejoran, pasando de ser plato rústico de comunidades campesinas a un gran plato burgués refinado y lleno de sabores y aromas primaverales.
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