VALORACIÓN92/100
TIPO
DESTILERÍA
Osborne
FORMATO
70 cl
REGIÓN
Andalucía
PAÍS
ESPAÑA
VOLUMEN ALCOHÓLICO
43º
PVP RECOMENDADO 41.90 €

El consumo de whisky no vive en España sus mejores días. Tampoco el de brandy, ni mucho menos. Aun así, Osborne, referente en este país en la producción del brandy de la mejor calidad, se ha aventurado en un proyecto audaz: producir su primer single malt whisky que envejece en las soleras de los mejores vinos jerezanos. Todo un hito, considerando la trayectoria de una compañía que ya ha superado los 250 años de andadura.

Un whisky con ADN andaluz

Y aún más si se tiene en cuenta que uno de los rasgos distintivos de Carlos I –tal el nombre del nuevo whisky, que comparte marca con la célebre gama de brandies de la casa– es su ADN andaluz, al 100%. Al contrario que otros single malts que envejecen en bodegas jerezanas, a partir de whiskies producidos en tierras escocesas, la novedad que acaba de presentar Osborne resulta de cebada española, sometida a un proceso de malteado que tiene lugar en Granada, seguido de una sacarificación con agua procedente del deshielo de Sierra Nevada. Tras la fermentación y la destilación –en alambiques de cobre– el aguardiente se traslada a las bodegas de Osborne en El Puerto de Santa María, donde inicia el proceso de crianza en botas con larga solera.

El argumento diferenciador

Durante los primeros cuatro años, el destilado reposa en recipientes de unos 70 años de antigüedad que previamente han albergado durante medio siglo vinos olorosos y amontillados y, posteriormente, otros veinte años, brandy Carlos I. Una primera maduración estática a la que siguen dos años más de crianza dinámica, mediante el sistema de criaderas y solera, en botas que han contenido los excepcionales Amontillado 51-1ª y Oloroso Sibarita, ambos VORS. Soleras históricas que dejan su impronta en el destilado y que constituyen, sin duda, el principal argumento diferenciador de este whisky.

La elección de estas botas no es casual. Como explica Marcos Alguacil, Master Blender y responsable de la creación del whisky, «no buscaba repetir lo ya hecho. Quería crear algo que dejara huella. Por eso elegí las botas más legendarias de Jerez: para que este whisky no solo se bebiera, sino que se recordara». Una declaración que resume bien la intención de Osborne: no elaborar un whisky más con influencia jerezana, sino construir una expresión propia a partir de un patrimonio bodeguero difícilmente replicable.

 

Marcos Alguacil, Master Blender de Osborne, en las bodegas de la compañía jerezana en El Puerto de Santa María

 

El resultado es un single malt de color ámbar dorado, con reflejos amielados, que apunta en nariz acentos de fruta madura, ciruelas pasas, recuerdos de fruta confitada y chocolate, junto a notas de madera y especias dulces. La influencia de las botas jerezanas resulta evidente, aunque sin llegar a ocultar la personalidad del destilado de malta. Es, sin duda, un single malt con un carácter propio, imponente, al que conviene darle tiempo en la copa: la evolución es pausada y permite descubrir nuevos matices conforme se airea.

La experiencia de Osborne

Carlos I no pretende competir con los grandes single malts escoceses ni reproducir ese modelo clásico que tanto conocemos. Su propuesta discurre por otro camino: trasladar al whisky el conocimiento acumulado por Osborne en la crianza de vinos y brandies jerezanos. Y en ese terreno encuentra su razón de ser. No es un whisky de gran complejidad ni especialmente exuberante, pero sí un destilado bien construido, con personalidad propia y una marcada identidad territorial.

Durante su presentación en El Coleccionista, en Madrid, se propuso también una interpretación en clave de coctelería: Don Carlos, ingenio líquido elaborado con el nuevo whisky, licor artesanal de tabaco, sirope de azúcar moscabado y bitter de especias. Una mezcla concebida para subrayar los matices que aporta la crianza en botas de brandy y vinos de Jerez, acompañada de un brioche de rabo de toro con champiñón, rúcula y salsa Bull. Una demostración de las posibilidades gastronómicas de este nuevo destilado, más allá de su consumo en copa.

 

El cóctel Don Carlos, presentado en El Coleccionista durante la presentación de Carlos I en Madrid

 

En síntesis, se trata de una incursión más que convincente de Osborne en una categoría muy transitada. Pero que adquiere carácter singular por su pronunciado acento andaluz y porque tiene a Jerez como principal argumento.

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