"La cocina es un lenguaje internacional que te acerca a las personas, aunque estés a miles de kilometros" La cocinera Clara Villalón nos cuenta como ha sido su viaje a Etiopía con el Programa Mundial de Alimentos de la ONU.


A su vuelta del país africano, Clara no podía dejar de llorar. "He estado en shock. Desde nuestra comodidad de ciudadanos del primer mundo no podemos imaginar lo que sucede en las comunidades africanas. Cuando acepté la invitación de la ONU para visitar Etiopía con otros cinco cocineros europeos dentro del Programa Mundial de Alimentos no tenía ni idea de lo que me iba a encontrar allí. La realidad es que no tienen nada, pero cuando digo nada, es nada: no hay recursos, no hay agua, no pueden sembrar, no pueden comer"

Etiopía, la antigua Abisinia, es el país más poblado de África después de Nigeria. También uno de los más pobres. Es un país peculiar:  nunca ha sido colonizado, cosa extraña en África -aunque vivió un periodo de ocupación italiana (1936-1941);  no tiene salida al mar, ya que la perdió tras la escisión de  Eritrea con la que ha estado en guerra hasta 1993; hay una mayoría de población cristiana; ha formado parte de las organizaciones internacionales (ONU, OEA, etc) dese su fundación; y es un país políticamente estable.

En Etiopía se producen algunos de los mejores cafés del mundo, que, por su puesto, se dedican a la exportación. La agricultura era el pilar de la economía Etíope hasta que las grandes sequías que no han cesado desde 1980 han provocado desplazamientos de población y terribles hambrunas. Por eso el 90% del presupuesto nacional proviene de la ayuda internacional. La esperanza de vida media se sitúa en los 52 años y las mujeres tienen una media de seis hijos.  "¿Qué futuro tienen? esa es la pregunta que me hacía todo el tiempo. Pero no encontraba respuesta. No tienen futuro. Todo es muy complicado, son nómadas, no quieren ir a vivir a las ciudades, pero el campo no funciona porque no hay agua. Caminan horas y horas para buscar agua, en eso emplean su vida. Además de la población etíope están los refugiados eritreos, es un caos, pero ellos son terriblemente generosos. En Etiopía he descubierto la desolación, pero también la solidaridad, auténtica no como un mero reclamo de marketing. Dos etíopes se relacionan enseguida, se ayudan, se dan lo que tienen. Nosotros, aquí, somos mucho más egoístas".

El plato nacional de Etiopía es el "injera", un pan ácimo sobre el que se sirve carne picada especiada y verduras. "Comen poquísima carne, apenas vi cabras, ovejas y vacas. Cerdo ninguno y gallinas tampoco por lo que no toman huevos, al menos las comunidades que yo visité. Por supuesto, tampoco comen pescado, no tienen mar, ni ríos caudalosos. La base de su dieta son las legumbres (sobre todo lentejas y garbanzos) y el trigo, ambas cosas las utilizan para hacer harina. Algo de patata, col, cebollas, tomates y especias. Con ello componen el "shiro", unas gachas hechas con harina de garbanzo, ajo, cebolla, especias y aceite, de sabor ácido picante, que colocan sobre el "injera". En algunos casos le añaden un poco de carne, pero solo cuando hay motivo de fiesta. De las cosas que he probado, me ha encantado el cardamomo negro (Amomum subulatum), más grande que el verde y que nada tiene que ver con él, en el sentido de que no se puede usar como sustituto, ya que se emplea de otra forma y aporta otro sabor, más rustico, picante y con notas ahumadas ".

Actualmente la ONU tiene a 800 personas trabajando en Etiopía para hacerles llegar alimentos y construir infraestructuras (escuelas, hospitales, carreteras, pozos), pero no es suficiente, a pesar de que se estima que la cooperación internacional ha salvado 7.000.000 de vidas. "Es terrible porque cuando hablas con ellos creen que estás loco, no pueden entender las cosas que les contábamos. Visitamos zonas en las que viven completamente apartados del mundo. No hay luz, ni agua corriente… no saben lo que es, ni pueden imaginárselo. Te miran como si fueras una aparición. Como si fueras capaz de salvarles la vida, y eso te crea un sentimiento extraño, entre culpa e impotencia. No somos conscientes de la suerte que tenemos, y de lo poco agradecidos que somos. Ellos no tienen nada pero lo comparten todo. Me impresionó su generosidad y su alegría, todo les hace reír. Nosotros lo tenemos todo y andamos siempre cabreados. Ellos me han dado mucho más de lo que yo haya podido darles. Me encantaría volver y trabajar con ellos, no sé cómo pero intentar desarrollar algún tipo de cooperación".

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