El refugio mundial de semillas recibe el galardón de Cooperación Internacional


La Bóveda Global de Semillas de Svalbard, ha sido distinguida con el Premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional 2026. El fallo ha sido anunciado por la Fundación Princesa de Asturias, entidad convocante de estos galardones, considerados entre los reconocimientos internacionales más relevantes en los ámbitos científico, cultural, social y humanitario.

El jurado de esta edición estuvo presidido por Gustavo Suárez-Pertierra y contó con representantes del ámbito científico, institucional y cultural como Pedro Duque, Cristina Garmendia, Íñigo Méndez de Vigo, Pol Morillas o Juan Carlos del Olmo, entre otros. Manuel Toharia Cortés propuso la candidatura, miembro del jurado del Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2026.

El Premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional reconoce iniciativas y trayectorias ligadas al desarrollo humano, la protección medioambiental, la salud pública o el progreso social y cultural de los pueblos. En esta edición competían 32 candidaturas procedentes de 17 países.

El gran seguro alimentario del planeta

La elección de la Bóveda de Svalbard pone el foco sobre una infraestructura esencial para el futuro de la alimentación mundial. Situada en la isla de Spitsbergen, en el archipiélago noruego de Svalbard, esta gigantesca cámara subterránea funciona desde 2008 como una reserva de seguridad para semillas de cultivos destinados a la alimentación humana.

Construida bajo el hielo ártico y distribuida en tres grandes almacenes que superan los mil metros cuadrados, la instalación nació con el objetivo de preservar la diversidad genética agrícola frente a amenazas como guerras, catástrofes naturales, crisis climáticas, cambios políticos o errores de gestión que puedan poner en riesgo cosechas y sistemas alimentarios.

Para el mundo gastronómico, la importancia de este banco global resulta estratégica. La conservación de variedades de arroz, trigo, cebada, legumbres, maíz o garbanzo no solo garantiza el abastecimiento futuro, sino también la supervivencia de ingredientes, sabores y tradiciones culinarias que forman parte de la identidad cultural de numerosos países.

Una red internacional para proteger la biodiversidad

La bóveda depende del Gobierno de Noruega, a través de su Ministerio de Agricultura y Alimentación, mientras que la gestión técnica corre a cargo del Centro Nórdico de Recursos Genéticos (NordGen). Su financiación cuenta además con el apoyo de Crop Trust, organización internacional dedicada a la conservación de cultivos agrícolas y respaldada por gobiernos e instituciones de todo el mundo, entre ellas España, la Comisión Europea o la Fundación Gates.

Con el paso de los años, Svalbard se ha consolidado como el mayor depósito de seguridad alimentaria del planeta. Actualmente almacena más de 1,3 millones de muestras pertenecientes a unas 6.300 especies vegetales, custodiadas por 129 instituciones y gobiernos. Entre las semillas más representadas figuran variedades de arroz, trigo y cebada, aunque también conserva sorgo, soja, maíz, cacahuete, garbanzo o distintas especies de frijoles.

Buena parte de los depósitos proceden de centros internacionales de investigación agrícola vinculados al CGIAR, así como de instituciones especializadas en cereales, arroz, agricultura tropical o cultivos de zonas áridas. Estados Unidos, Alemania, Canadá y Países Bajos figuran entre los principales países contribuyentes.

De Siria a Sudán: la bóveda demuestra su utilidad

La relevancia de la bóveda quedó demostrada de manera especialmente visible durante la guerra de Siria. En 2015, el centro ICARDA tuvo que evacuar su sede de Alepo tras la destrucción de su banco de semillas, que reunía unas 150.000 muestras agrícolas procedentes de más de un centenar de países. Gracias a las copias de seguridad almacenadas previamente en Svalbard, parte de esa colección pudo recuperarse y volver a cultivarse posteriormente en Líbano y Marruecos.

El crecimiento de la bóveda continúa marcando cifras récord. En 2024 recibió más de 64.000 nuevas muestras aportadas por 61 bancos genéticos, incluyendo instituciones que participaban por primera vez. Un año después, el Banco Nacional de Germoplasma de Sudán envió más de dos mil semillas de cultivos como sorgo, mijo, sandía o sésamo para protegerlas del impacto de la guerra civil en el país africano.

En febrero de 2026 la bóveda protagonizó además un hito simbólico para el ámbito mediterráneo y gastronómico: el primer depósito de semillas de olivo en la historia de la bóveda, con participación destacada de instituciones españolas. También se incorporaron por primera vez Guatemala y Níger como países depositantes.

Svalbard, referente global en seguridad alimentaria

La trascendencia internacional del proyecto ha sido reconocida en numerosas ocasiones. La revista Time incluyó la bóveda entre las mejores invenciones de 2008, mientras que los científicos Geoffrey Hawtin y Cary Fowler, impulsores clave de la iniciativa, recibieron en 2024 el Premio Mundial de Alimentación en Estados Unidos.

El ex secretario general de Naciones Unidas Ban Ki-moon definió la instalación como “una póliza de seguro global” y un “símbolo de paz”, subrayando su dimensión humanitaria y su papel dentro del sistema internacional de conservación de biodiversidad agrícola impulsado por la FAO.

Los Reyes de España entregarán el próximo mes de octubre en Oviedo los Premios Princesa de Asturias, en una tradicional ceremonia en la que también participarán la Princesa de Asturias y la infanta Sofía. El galardón incluye una escultura de Joan Miró, un diploma, una insignia y una dotación económica de 50.000 euros.

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