En «La fuerza de un destino» (Ed. Planeta, 2018), el escritor Martí Gironell recupera el periplo vital y la figura de Jean Leon, el aventurero santanderino que conquistó Hollywood como restaurador antes de fundar en el Penedès la bodega que lleva su nombre.


«Muchos vinos tienen algo que contar, pero muy pocos tienen detrás una historia como la de Jean Leon.» La frase que encabeza la la web de esta bodega del Penedès no es exagerada. Porque sin duda no es fácil encontrar en el mundo del vino un periplo vital tan cautivante como el de Ángel Ceferino Carrión Madrazo (Santander, 1929), que emigró a los Estados Unidos empujado por la necesidad, conquistó Hollywood como restaurador, con el alias de Jean Leon, y se reinventó en el Penedès como bodeguero pionero en la implantación de las variedades nobles francesas: cabernet sauvignon, merlot, chardonnay…

Jean Leon, de pie junto a Tony Franciosa, Zsa Zsa Gabor y otros comensales, en el restaurante La Scala.

Veintidós años después de su muerte, la vida apasionante de este personaje sin par despierta tal interés que incluso ha dado lugar a dos libros, El rey de Beverly Hills (Ediciones B, 2003), firmado por Sebastián Moreno, y La fuerza de un destino, de Martí Gironell (Ed. Planeta, 2018), que ha merecido el premio Ramon Llull 2018 y en estos días llega a las librerías.

Para animar a la lectura de estos libros, apuntamos aquí algunos trazos de la singular biografía del aventurero en cuestión:

El inquieto Ceferino contaba apenas 12 años cuando llegó a Barcelona junto a su familia, y no había cumplido los 20 en el momento que decidió cruzar los Pirineos a pie, para probar suerte en Francia, donde trabajó como camarero. En 1949 se coló en la bodega de un barco que zarpaba desde el puerto de Le Havre hacia Nueva York, a donde llegó indocumentado y sin saber inglés. Entonces cambió de nombre (se rebautizó como Justo Ramón León) y consiguió un empleo en uno de los restaurantes del Rockefeller Center.

Jean Leon, recién llegado a Nueva York

Tras obtener la nacionalidad estadounidense, evitó ser movilizado a la guerra de Corea radicándose en Hollywood, California. La suerte le sonrió cuando se incorporó como camarero al restaurante Villa Capri –propiedad de Frank Sinatra y Joe DiMaggio–, donde tuvo la oportunidad de relacionarse con la elite del star-system de la época: Liz Taylor, Natalie Wood, Gary Cooper, Paul Newman, Clark Gable… Siempre ambicioso y decidido a lanzarse como empresario, en 1955 estaba a punto de abrir su propio restaurante, con James Dean como socio, pero la muerte del actor postergó los planes. Aunque no por mucho tiempo: en 1957, finalmente, el santanderino, inauguró La Scala, en Beverly Hills, que no tardó en convertirse en el local favorito de las celebrities que en aquellos años brillaban en la meca del cine.

La afición de sus afamados y siempre sedientos clientes por los vinos franceses inspiraron a Jean Leon a fundar su propia bodega en la comarca catalana del Penedès, donde en 1963 se convirtió en uno de los primeros empresarios vinícolas que apostaron por las variedades galas. Tras replantar sus 150 hectáreas de viñedo con clones importados de Burdeos y Borgoña, en 1973 presentó –junto a su fiel enólogo, Jaume Rovira– el primer tinto 100% cabernet sauvignon nacido en territorio español, de la cosecha 1969.

Aunque no fue hasta 1981 cuando se convirtió en un bodeguero de fama mundial, casualmente con el espaldarazo de otra de las luminarias de Hollywood, Roland Reagan, que escogió uno de los vinos de Jean Leon para la fiesta que se celebró en Washington con motivo de su investidura como presidente de los Estados Unidos.

En 1994, dos años antes de morir y ya enfermo de cáncer, el intrépido Ceferino vendió la bodega del Penedès a su amigo Miguel Torres, con la condición de que Rovira continuase como director técnico. Gracias a ello, hoy los vinos de Jean Leon mantienen vivo el espíritu audaz, viajero e innovador de su mentor. Un personaje único que continúa inspirando a literatos, enólogos y hedonistas del ancho mundo.

La fuerza de un destino, de Martí Gironell (Ed. Planeta, 2018). PVP: 21,50 €

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