Mujeres que cuentan: Marta García, ganadería Valdelmazo
La ganadera que arrasa en las redes sociales
Sea cual fuere el lugar en el que se encuentre, Marta García (Ganadería Valdelmazo) habla con desparpajo y se manifiesta con vehemencia ¡No calla! Es la estampa viva de un terremoto que encadena frases incisivas que le revientan en la cabeza. En su papel de ganadera sacude conciencias, suscita adhesiones y genera continuas controversias. De la nada en el mundo rural en un rincón de Cantabria, a una figura mediática que seduce a miles de seguidores en las redes sociales. Cada noche se conecta a Youtube (80.300 seguidores) y durante una hora y media se despacha a conciencia con un monólogo que encandila a quienes la escuchan atentos. Días pasados, mientras desayunábamos juntos en el hotel Santa Catalina a propósito del IV Foro Internacional del Queso disfruté de una conversación que aún pervive en mi recuerdo. Su diálogo posterior en el escenario del evento con Julia Pérez terminó por dibujarme su pensamiento.

¿Cómo te las arreglas para generar semejantes adhesiones?
Conecto con la gente porque digo lo que siento y hablo desde el corazón, no tengo necesidad de demostrar nada ni de agradar a nadie. La gente quiere volver al rural a identificarse con lo primitivo. Ni te imaginas el problema de soledad no deseada que hay en el país en el que vivimos. Pedro Sánchez me tenía que asignar un sueldo por la labor social que realizó.
¿Cómo montas tus relatos?
Estoy en la cuadra y pienso, no tengo con quien hablar, acumulo ideas, pongo el móvil en el trípode y comienzo. “Buenas noches desde la Cantabria profunda”, suelen ser mis primeras palabras. Luego sigo una hora y media en directo. Soy la telenovela más importante de Youtube en esa franja horaria. A Instagram (@ganaderiavaldelmazo 233.000 seguidores) le dedico solo tres minutos. No preparo nada, digo lo que se me ocurre, muestro a la gente lo que hacen y comen los animales. Por las noches me ven muchas familias, les recuerdo su infancia, toda esa gente que se ha ido de los pueblos y muy a su pesar residen en las ciudades. No tenemos las mismas oportunidades, por eso mis relatos calan tan hondo”.
¿Cómo empezaste?
Mi aventura comenzó en 2013. Tengo 46 años, me incorporé con 33, echa las cuentas que quieras, trece años en el oficio. No tenía un céntimo, ni donde caerme muerta. La gente no sabe lo que cuesta salir de la nada. Empecé con las vacas y después con las Experiencias Valdelmazo en nuestra granja. ¿De qué podía vivir yo en una zona de alta montaña con solo 23 vecinos en Soba, donde la Cooperativa Agrocantabria había contratado a mi marido como veterinario de campo? me pregunté a mí misma. Solo de las vacas. Conseguí 40.000 euros como subvención para incorporarme como joven ganadera.
Y me encontré con treinta y tres vacas casinas y doce yeguas monchinas, razas rústicas, autóctonas en peligro de extinción, verdaderas hijas de puta que saltan tres metros sin tocar los alambres y corren cuando te aproximas. Eran las más baratas y las que mejor se adaptaban al territorio. Yo había ordeñado vacas pintas, pero estas otras son dificilísimas.

Empezamos la construcción de una nave en agosto de 2013 y la terminamos en noviembre. Todo lo hicimos nosotros; aprendí a coser mallazo, a echar hormigón a usar la garrocha y a poner bloques. No podíamos pagar a nadie. Terminamos la nave metimos a las vacas y durante la noche de las marzas el día que se canta a la primavera – “Marzo florido seas bienvenido” — se produjo un argayo, derrumbe que me tapo la nave con las vacas dentro. Y encima sin seguro. Nada resultó sencillo.
¿Vives de la carne? ¿Cómo la comercializas?
Cuando empecé, mis cálculos eran poco más que la cuenta de la vieja. Si tengo treinta y tres vacas casinas van a parir las que sean y a vender los terneros a tanto. Tenía cinco terneros para sacar al mercado, una hipoteca de 40.000 euros en el banco y la nave esperando. Con casinas me iba a morir de hambre, me dije a mí misma.
A 200 euros los terneros, los solté al monte comunal para practicar la ganadería extensiva y que subieran de precio, y el lobo se comió tres que desaparecieron. Entre 2013 y 2014 las pasamos muy putas. Incluso a 300 euros los terneros era una jodida ruina. Me di de alta en ecológico con las yeguas, y en la IGP Carne de Cantabria para diferenciarme. Animales de poca carne a los que había que darles más valor, producto ecológico, productos de montaña, apostar por la calidad y sostenerla. El punto crítico lo alcancé con un buey del que me sentía orgullosa. Llevaba todo el otoño alimentándolo con bellotas. Había que venderlo en Navidad que es cuando más se paga. Un animal espectacular sacrificado en noviembre.
¿Y qué pasó con el buey?
Llamé a la cooperativa, y me soltaron que me pagaban 3.000 euros por el bicho. ¿En serio? ¿solo eso por un animal que llevo criando 7 años? Contacté con otros entradores que me ofrecían 3.200 euros. Pura impotencia, se estaban riendo de mi trabajo. Y mientras tanto, el buey sacrificado y sin venderlo. Desesperada le dije al veterinario, a mi marido: voy a contar lo que me ha pasado en el directo que hago en YouTube cada noche. Y así lo hice con toda suerte de detalles. ¿Alguien está interesado en comprar lotes de buey? pregunté a mi audiencia. Escribidme. ¿Sabes qué sucedió? Que en 5 minutos vendí el buey entero y los 3.000 euros se convirtieron en 10.500. La historia se repitió con una ternera angus que la cooperativa me compraba a 3,60 el kilo. No me salían las cuentas. Y ensayé la jugada de nuevo. Saqué un video de la ternera y en 3 minutos la vendí entera. Me dije: ¡¡¡ hostias¡¡¡ Desde entonces llevo tres años vendiendo una ternera por semana a través de YouTube y Facebook donde tengo 323.000 seguidores.
¿Cuáles son tus clientes?
Señoras de las que pagan. De Madrid la mayoría, exagerado. Cuento con una producción pequeña porque hay 80 madres reproductoras y solo comercializamos hembras, los machos tienen la carne más tiesa. Cuando se acaban me planto delante de la cámara y les digo: “Señores tengo que parar, los ejemplares que me quedan son muy chicos, no os los puedo enviar”. No compro para revender, no engaño a nadie.
¿Qué piezas comercializas?
No hay tantas carnicerías que vendan una ternera entera a la semana. Todo el mundo quiere comer chuletón, entrecot, solomillo y filetes. Yo hago lotes de cada animal a razón de un kilo por cada parte: churrasco; carne de guisar; de asar; morcillo para cocer; huesos y tres bandejas de hamburguesas que hacen el kilo. Todo eso por el precio de 198 euros puesto en casa, sin costes de envío que corren por mi cuenta, un regalo.

¿Cómo te organizas?
Llevamos la ternera al matadero de la Cooperativa Agrocantabria los lunes día de sacrificio. Cumplida un semana de maduración en cámara, el martes siguiente se hace el despiece; el miércoles me acerco, preparo los lotes y pongo la etiqueta. Viene SEUR que se encuentra a 300 metros, los carga y al día siguiente están en cualquier lugar de España menos en Canarias por los problemas de aduana con estas islas. Mi único problema es educar a los consumidores que tienen grabada en la memoria las bandejas de Mercadona y otras grandes superficies. Una carne que no tiene grasa es una carne seca, mala, que echa agua. Nosotros vendemos carnes sin medicamentos, de calidad y con grasa infiltrada.
¿Qué es lo que más ilusión te hace en la vida?
Ser feliz en el día a día. Disfrutar de cada momento como si fuera el último. A diario damos importancia a cosas que no la tienen y las que más valen son aquellas que no cuestan dinero. Me considero muy afortunada. Y no porque haya tenido suerte. La suerte no existe, es la confluencia de dos cosas: preparación y oportunidad. Si tienes la oportunidad y careces de preparación estás jodida. Para mi levantarme, ver el ganado y luchar en la granja no es trabajo, es una forma de vida. Vocación pura, algo que la sociedad no entiende. Nosotros nos identificamos con los animales, es una vida de sacrificio, disciplina, constancia, esfuerzo y de pasarlas muy putas porque nunca sabes lo que va a pasar al día siguiente. La vida rural es vocacional, o se entiende así o no hay quien la aguante. Antes decir que eras ganadero era una vergüenza. Ahora ser ganadero es un orgullo.
¿Cómo son las experiencias Valdelmazo?
Todo comenzó de manera fortuita. No hay mano de obra para trabajar porque no la hay. De repente me empezaron a llamar gentes que querían sentirse ganaderos por un día, dispuestos a lo que fuera, limpiar la cuadra o atender un parto. Recibimos clientes que nada más llegar se calzan las botas y el buzo entran a la cuadra que huele fatal y se muestran encantados con el olor a abono, personas que llevan perfumes caros y trabajan como el primero.
Hago grupos de 4/6 personas que me pagan 50 euros cada uno, visitantes que se van recordando que han estado con Marta y con Rubén en Valdelmazo. En lugar de contratar operarios para que me hagan el trabajo, la gente me paga a mí por hacer ese mismo cometido. Y otra cosa. Al vivir en una zona virgen nuestros clientes se marchaban a dormir a Santander y alrededores. Como soy una tía de negocios hice una casa rural, venían, me limpiaban la cuadra y se quedaban a dormir para completar la experiencia. Sería muy fácil organizar visitas guiadas de 30 / 40 personas y ganaría más dinero, pero no me interesa. Quiero que la genta vuelva a recuperar sus raíces del mundo rural del que todos venimos.
¿Qué te preocupa?
Las carnes de laboratorio y todas esas cosas que se justifican como medida para luchar contra el cambio climático y acabar con el hambre en el mundo, todo mentira. Modelos de producción de proteínas que consumen cantidades ingentes de energía, agua y recursos naturales y no hacen la labor medioambiental que realiza la ganadería extensiva. Nuestra generación, la mía, no va a comer carne de la otra, pero la que viene será diferente. Hay muchos frentes abiertos. El movimiento ecologista el primero. ¿Qué modas son esas de los veganos? ¡¡¡ Se van a morir¡¡¡, necesitamos la proteína animal para nuestro cuerpo. Luego están las ocurrencias del gobierno. Eso de que las vacas se tiran pedos y contaminan, esa tribu que te da lecciones desde Madrid y que no sabe diferenciar un corzo de un rebeco.

¿Qué opinas del acuerdo con Mecosur?
Somos el país con la mayor seguridad alimentaria del mundo y no podemos poner en riesgo la salud de los ciudadanos a través de acuerdos como el de Mercosur, que según una auditoria de la UE no garantiza que la carne procedente de Mercosur esté libre de Estraidiol 17 beta. Esto no lo digo yo, lo dice la propia unión europea. Si a eso añades que solo se analiza un 0,0082 del producto que entra en España, el riesgo de salud pública existe. Ahí lo tenemos con el cargamento que ha llegado a Grecia procedente de Brasil con un 80% de la carne de pollo congelado infectado con salmonella.
¿Y el futuro?
Complicado. Se están humanizando los animales, se les trata como a personas. Antes las mujeres paríamos con 18 años ahora se pare hasta los 40. Y la gente que no puede parir sustituye al niño por un perro, humanizan a los animales, tienen carencias emocionales porque no han podido ser mamás y ahí reside el problema. Pronto esas nuevas generaciones llegarán al congreso y conseguirán que haya sacrificio animal cero. Y entonces tendremos que plantearnos de donde vamos a sacar las proteínas.
Somos lo que comemos, está muy claro. Si el gobierno no apuesta por la alimentación natural y la defensa de los pequeños productores rurales, la despensa tradicional nos abandonará, y lo que no nos gastemos en el sector primario nos lo gastaremos en sanidad, está claro. Tendremos ciudadanos peor alimentados, con alimentos de calidad inferior y más caros.
¿Dónde vives?
Donde el silencio se escucha. En la cascada del río Asón, vinculada a la mitología cántabra, un paraíso.
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