Cinco mesas donde paisaje y cocina miran al mar


Hay pocos lugares más codiciados para comer que una mesa con vistas al mar. Sin embargo, en muchos de los restaurantes mejor situados en las costas de todo el mundo, la mirada disfruta del horizonte, pero sufre en cuanto desciende al plato. Por eso nos gusta tanto comer en esas casas donde el mar permanece en la mesa tan puro y fresco como en el paisaje.

Frente a la monótona mansedumbre de mares más cálidos, el Cantábrico desafía y remueve incluso al abrigo de un mantel. Hemos seleccionado algunos restaurantes de Asturias donde ese mar fascinante, visto desde una playa, un puerto o un acantilado, no es el único motivo, ni siquiera el principal, para reservar una mesa.

Casa Maravilla

El Ferrero, Gozón

Los hermanos Adrián y Leticia Álvarez mantienen en Casa Maravilla el legado de sus padres, Pepín y Teresa, como ellos hicieron antes con el de los suyos, con ese infrecuente buen gusto que nace de la sencillez pero también del conocimiento y el tiempo.

A Casa Maravilla se va a comer arroz o pescado, aunque siempre es recomendable probar más cosas. Antes del principal, hay que pedir algún entrante de temporada: chipirones, almejas, andariques (nécoras), calamares o llámpares (lapas), que aquí nunca van a ser una simple forma de entretener la espera. También es buena idea pedir vino, porque Leticia es un referente de criterio y sensibilidad en el mundo del vino en Asturias, y en su carta cada etiqueta tiene un valor y una decisión consciente detrás.

El entorno del Cabo Peñas ha sido tradicionalmente la zona de arroces del mar más importante de Asturias, y Casa Maravilla resume y eleva esa tradición. La mayoría va buscando su celebrado arroz con bogavante, aunque cualquiera de los demás también justifica la visita. Utilizan arroz Acquerello para lograr el equilibrio entre absorción y textura con sus potentes fondos. El camino que va desde el arroz con pollo que Teresa preparaba los domingos hasta los arroces de hoy explica la naturaleza de esta casa y sus protagonistas.

Las vistas sobre los acantilados son deslumbrantes en los días claros y un misterio en los brumosos. Solo cuando la meteorología lo permite, montan una terraza frente al mar y la rasa del Cabo Peñas, uno de los paisajes más sutiles y espectaculares de la costa asturiana.

Auga

Puerto Deportivo, Gijón

En estos tiempos en que muchos restaurantes gastronómicos parecen pensar más en una visita excepcional que en un cliente habitual, Auga ha elegido un camino más sensato. Junto a sus tres menús degustación, mantiene una carta variada y auténtica, no esa mera alternativa de compromiso que tantos restaurantes conservan para cubrir el expediente. Hay tapas excelentes, como la de caldo de cocido, pies de cerdo y anguila ahumada, y platos populares, como las croquetas de picadillo. Pero también pescados imponentes, como la lubina a la sal con crema de algas y guindilla encurtida o sus afinados lomos de salmonete. Y tampoco faltan los guisos tradicionales, con los callos y la fabada, ni las carnes, con su cochinillo confitado al frente. Es una oferta construida con sentido común: el comensal elige qué y cuánto quiere comer y, sobre todo, puede volver pronto sin tener que comer lo mismo.

Gonzalo Pañeda, en la cocina, y Antonio Pérez, en la sala, han creado un espacio gastronómico de tranquilidad y disfrute en el rincón del puerto deportivo de Gijón que ocupaba la antigua rula (lonja). Las señas de identidad de la cocina de Gonzalo son la elegancia y la precisión, adquiridas desde la repetición minuciosa y los cambios medidos, sin forzar una pirueta diaria. Su cocina tiene la calma y la profundidad de las aguas del puerto sobre las que casi flota, sin buscar el golpe de mar que a pocos metros rompe contra el espigón.

Real Balneario de Salinas

Playa de Salinas, Castrillón

El Real Balneario de Salinas pertenece a esa clase de restaurantes que fueron la puerta de entrada a una forma más solemne y cuidada de comer para varias generaciones de asturianos. Allí íbamos para disfrutar y seducir, y allí volvíamos después para celebrar con lubina al champán las bodas de tantos amigos. Con el Cantábrico siempre de fondo y casi a los pies de su enorme ventanal en la pleamar.

El Balneario es una casa de culto a sus platos propios, el legado de tres generaciones, en un edificio en plena playa de Salinas que forma parte de un antiguo balneario de aguas marinas. Isaac Loya dirige cada detalle de su restaurante con la ventaja de haberse criado entre esos fogones, aprendiendo de su padre a poner al cliente siempre en el centro y a reconocer el buen producto al primer vistazo.

Conserva ese aire de casa importante y señorial junto al Cantábrico y su propuesta es coherente con el marco: una cocina de producto noble de mar con base tradicional y una bodega de más de mil referencias. Ofrece dos menús degustación y una extensa y sugerente carta llena de platos icónicos propios y reconocibles. Cuando el virrey era todavía un pescado menor, apreciado apenas en la comarca de Avilés, aquí se cocinaba ya a baja temperatura y en su propia marmita, la mejor alternativa a la brasa que se puede encontrar todavía en Asturias. El bogavante es otro de sus grandes productos de siempre, en distintas versiones pero siempre equilibradas y respetando al protagonista: en ensalada de primavera, con pasta fresca anaranjada y azafranada, con gazpacho y algas o flambeado con su extracto.

Restaurantes con vistas al Cantábrico

Casa Eutimio

Lastres, Colunga

En un puerto como Lastres, donde todavía sobreviven las artes de pesca tradicionales y de proximidad, Casa Eutimio lleva más de sesenta años poniendo en la mesa lo que llega a puerto cada día. En sus inicios, el propio Eutimio pescaba en su barca, La Traviesa, lo que luego pasaba por su plancha o por la cocina de Aída, su mujer. Así nacieron platos como la merluza al Eutimio o el besugo a la espalda, todavía hoy en carta.

Al frente del restaurante se encuentran hoy sus hijos, María, en la cocina, y Abel, en la sala. En su carta encontramos todo lo que se puede esperar de un buen restaurante de puerto pesquero en Asturias: anchoas de elaboración propia, pescado de rula del día, caldereta, la reina de los guisos marineros, y arroces memorables, como el de salmonete. Pero María Busta también es guisandera, probablemente la referencia del colectivo en Asturias en este momento, y en su carta siempre hay sitio para la fabada y el pote, con el pantruque de maíz del oriente, muy apropiados para esos días frescos de nubes y orbayu que, por fortuna, nunca faltan en los veranos de Asturias.

Tras la comida, merece la pena llevarse a casa una muestra de su línea de conservas y platos preparados. Son muy recomendables las cocochas, la xarda (caballa) en escabeche, los pasteles de pescado o su irresistible tocinillo de cielo.

con vistas al mar

Ayalga

Playa de Santa Marina, Ribadesella

A comienzos del siglo XX, el paseo de Santa Marina, en Ribadesella, era una exposición de lujo y riqueza, una competición entre indianos levantando residencias veraniegas frente a la playa que tuvo una clara ganadora: Villa Rosario. Convertida hoy en un pequeño y delicioso hotel, acoge también el restaurante Ayalga. Un restaurante que tiene todo lo que uno puede esperar de ese entorno y de la estrella Michelin que luce en su puerta: modos franceses y algún acento mexicano, una inspiración indiana coherente con el edificio y el entorno, fruto del criterio y el gusto de su gran cocinero, Israel Moreno.

En esta temporada dispone de dos menús degustación, muy alineados con el gusto de la guía francesa que los reconoce. Pese a que no faltan el inevitable pichón ni la trucha del Bedón, en este caso muy bien acompañada por un ajoblanco, hay platos muy afinados y perfectamente ejecutados, como el bogavante con salpicón de jalapeños o el aguachile de naranjas con marisco y pescado. El solomillo de corzo se apoya con brillo en un mole perfecto y un huitlacoche, el hongo del maíz, terroso y ahumado.

Conviene reservar a una hora temprana si se quiere disfrutar de las mesas pegadas al paseo y la playa de Santa Marina. En verano, al acabar de comer puede apetecer el mejor postre, salino y fresco: un chapuzón entre las olas del Cantábrico.

Restaurantes con vistas al Cantábrico

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Jesús Soberón @jesussoberonp

Jesús Soberón @jesussoberonp

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