12 direcciones que no te puedes perder


Todo el mundo habla de las aperturas, pero nosotros en Gastroactitud no queremos dejarnos nada. Os compartimos en esta selección proyectos recientes en Barcelona y otros que, sin ser novedad, atraviesan un momento sólido, digno de mención.

Te hablamos de marisquerías urbanas, casas de comidas contemporáneas, cocinas peruanas en evolución, barras con técnica japonesa o proyectos italianos bien afinados. Locales que comparten algo esencial: son propuestas coherentes, con cocina y una identidad clara dentro del mapa gastronómico actual de Barcelona.

No se trata solo de señalar la novedad. A los que nos gusta comer, no nos interesa solo que nos cuenten lo que se abre, eso siempre acaba llegando a nuestros oídos. Lo que de verdad queremos es no dejar de conocer los rincones con la mejor oferta gastronómica de la ciudad, los chefs – conocidos o no- con más talento, y dónde ir sin miedo a equivocarnos. Si eso es lo que buscas, apunta nuestras recomendaciones.

Taberna Nardi

C/ Corders, 11 — Barcelona. Precio medio: 40 €

Taberna Nardi es una de esas aperturas que se llena con el boca-oreja. Su concepto de marisquería para todos los públicos no es nuevo en Barcelona, pero ese formato de taberna de estética moderna, con trato excelente, y ambientazo a cualquier hora, propio más propio de bares o tabernas que de restaurantes, es fórmula de éxito seguro.

El espacio acompaña a su oferta casual basada en producto y pensado para público local, turistas y profesionales del sector. No es casualidad que funcione. Taberna Nardi forma parte del recorrido reciente de Martín Pimentel y su entorno gastronómico, su Grupo Amicks está abriendo un local tras otro y se ha convertido en referente en lo que se refiere a actualizar el formato de bar urbano en Barcelona.

Allí trabajan con buena mano numerosas opciones del recetario marinero cocinadas al punto y otros platillos varios para compartir: desde sus gildas – tienen tres versiones -, a sus zamburiñas con tomate confitado, ajo y perejil, pasando por sus opciones de brioche (con crème frâiche y anchoa, o con tartar de atún y salmorejo cordobés) y frituras afinadas (que en la carta se catalogan con simpatía como “Me tienes frita”).

Eso sí, si está disponible, elijas lo que elijas, pide su parpatana de atún y de postre su torrija. Volverás a por más.

Mineral

C/ Mallorca, 166 — Barcelona. Precio medio: 60–70 €

Mineral es el nuevo proyecto propio de Oliver Peña y Cristina Losada, una de las aperturas más esperadas de Barcelona esta primavera. Tras su etapa en Teatro Kitchen Bar y Enigma, Peña cambia el gran formato por una barra íntima, directa y muy de producto, muy “Oliver”, junto al Mercat del Ninot, un barrio que podría convertirse en uno de los epicentros gastro de la ciudad, con Suru, Disfrutar, o Casa Fiero a tan solo minutos a pie.

Aquí suena en directo – y en modo unplugged (sin enchufes o artificios)- la cocina de producto con guiños muy marcados a la tradición catalana y a los guisos de siempre. De hecho, sirve como acompañamiento a su pan tostado el romesco de la Lore (su madre), y en su plato de ventresca, añade una picada tradicional a modo cobertura.

Cocina con robata, con cacerolas con nombre – cada fondo en la suya- y fuegos vivos para ofrecer una carta que se mueve según mercado, proveedores y temporada.

Es un local sencillo, cálido y moderno, con disposición alargada y gran protagonismo de la barra, que ofrece platos reconocibles y algunos viejos conocidos del ya desaparecido Teatro Kitchen Bar, como los bocados de fingerfood philomonio de boquerón, anchoa y sardina o el mochi de pollo a la catalana. En su carta alternan productos gastronómicos habituales (ventresca, codornices, entre otros) con opciones de casquería – tendón y lengua – difíciles de encontrar, pero fáciles de recordar.

Al frente de un equipo de 7 personas para máximo 30 comensales, Oliver lidera su primer proyecto en solitario con lo que tiene por la mano: técnica sólida, bien aprendida en sus anteriores proyectos, una voluntad clara de cocina de fondo sin disfrazar el producto y mucho talento.

Casa Tejada

C/ Tenor Viñas, 3 — Barcelona. Precio medio: 40–55 €

Casa Tejada pertenece a esa generación de restaurantes de ciudad que recuperan el formato casa de comidas desde una mirada de bistrot europeo más que desde la tradición local. Es un comedor pensado para mesa larga y continuidad de platos, donde conviven referencias mediterráneas, francesas e italianas con bastante naturalidad.

Con la asesoría culinaria de Romain Fornell (Grupo Goût Rouge también al frente de Caelis, con una estrella Michelin) este clásico de Barcelona ha reabierto en la zona alta, justo por detrás de Francesc Macià, con estética antigua, fotos en blanco y negro y una carta en la que, obviando las nomenclaturas y recetas italianas, uno de los ingredientes estrella y diferencial, es la mantequilla, al más puro estilo francés.

Su carta es corta y bien afinada. En este restaurante de barrio no están tratando de cautivar con platos originales o puestas en escena novedosas, pero eso también gusta, y sobre todo reconforta. Si pides los fetuccine Alfredo “como en Roma” y su entrecot estilo tagliatta con patatas fritas y salsa de café París, saldrás con la sensación de haber acertado de lleno.

Bar Alegría (Gràcia)

C/ Torrent de l’Olla, 77 — Barcelona. Precio medio: 30–40 €

La llegada del Bar Alegría a Gràcia confirma algo que ya se intuía desde hace tiempo: que el formato del bar gastronómico puede crecer sin perder identidad cuando el proyecto tiene discurso. Esta segunda casa no replica en su totalidad el Alegría original, es algo más pequeño y no tiene esa terraza de estilo parisino siempre a rebosar.

En esta nueva plaza perdura el ADN de Tomás Abellan y de sus recetas más icónicas (muchas de ellas de familia, con la autoría de Carles Abellan) tales como la tortilla trufada, el tartar de tomate, o el “bikini de mi infancia”. También otros platos ya consolidados de la tradición del Bar Alegría como las berenjenas estilo Shunka, la tosta de anchoa con mantequilla ahumada o el meloso de cordero estilo Middle East.

A este local en el barrio de Gràcia se le tiene especial cariño: es el del antiguo Can Tosca, que cerraba por traspaso, y en el que Abellan ha mantenido la esencia original con el toque Alegría. La herencia ha ayudado sin duda a la buena acogida en el barrio, donde han encajado con bastante precisión como nuevo punto de encuentro con estética cuidada y producto de calidad.

Barcelona

Mercado Central

C/ Creu dels Molers, 4 — Barcelona. Precio medio: 45 €

Mercado Central abre una nueva etapa para Pablo Ortega en Barcelona, tras consolidar Pueblo Libre, y funciona como una evolución natural de su manera de entender la cocina peruana en contexto urbano europeo.

Se trata de un proyecto que homenajea a los mercados, y en especial al Mercado Central de Lima, en Perú, donde los ceviches conviven con recetas calientes del repertorio criollo dentro de una estructura más cercana a la cultura gastronómica limeña que al formato cevichería habitual en Barcelona.

Por eso Mercado Central incluye una barra de ceviches – atención al Imperial con pulpo a la parrilla y salsa anticuchera- y ofrece además tiraditos, anticuchos y platos calientes con mayor presencia de fondo. Entre ellos, destaca uno heredado del antiguo Pakta de Gastón Acurio (que estuvo abierto de 2013 a 2020) que es el Aeropuerto Chijaokay, con pollo crujiente y chaufa de verduras.

Los aeropuertos peruanos se llaman así porque “todo lo que sobrevuela el plato acaba aterrizando dentro” y pertenecen al universo chifa, es decir, de la cocina peruano-china desarrollada en Lima desde finales del siglo XIX a partir de la inmigración cantonesa. Espérate mucho más que ceviches.

Barcelona

Taula Puntal

C/ Carders, 17 — Barcelona. Precio medio: 48 €

Taula Puntal es la culminación del proyecto Espai Puntal sobre una mesa compartida de más de 10 metros. Se trata de una iniciativa que nació en Borne barcelonés con la ambición de transformar el sistema alimentario local y de hacerlo siempre vinculado al paisaje y a los productos locales de pequeños productores alrededor de Barcelona. Su oferta lo convierte en un restaurante diferente, con un discurso culinario claro y coherente, algo que brilla por su ausencia en muchos proyectos que surgen abanderados por la proximidad y que finalmente quedan solo en buenas intenciones – o una campaña de marketing.

Desde la cocina se hace un recorrido por productos vegetales, marinos y cárnicos a través de elaboraciones que trabajan contraste, textura y equilibrio sin necesidad de subrayar técnica ni espectacularidad.

En este espacio gastronómico, un máximo de 22 comensales comparte mesa y menú al mismo tiempo, se conozcan o no. Los menús cambian con las estaciones y siempre están vinculados a un paisaje, lo cual permite visitar el espacio varias veces al año sin aburrirse.

El espacio del local lo comparten con un bar de platillos y vinos naturales y con un colmado que hace las veces de panadería y de pequeño deli de barrio con bocadillos y snacks sencillos.

Barcelona

Ippudo

C/ Diputació, 164 — Barcelona. Precio medio: 18–25 €

La llegada de Ippudo a Barcelona consolidó algo que ya venía ocurriendo en la ciudad: la normalización del ramen como formato gastronómico habitual y no solo como tendencia esporádica.

Shigemi Kawahara, su creador, abrió el primero en Hakata (Fukuoka, Japón) en 1985 y hoy cuenta con más de 90 locales en Japón y más de 130 por el mundo, en ciudades como París, Londres, Nueva York y San Francisco. Ahora ha aterrizado en Barcelona y continúa consolidándose a nivel mundial como el modelo global que convirtió el ramen regional de Fukuoka en un producto gastronómico internacional.

La carta gira alrededor de sus caldos tonkotsu -elaborados a fuego lento durante horas con huesos de cerdo- acompañadas por entrantes clásicos de barra japonesa, tales como el takoyaki (bolitas calientes rebozadas rellenas de pulpo) y el pollo frito al estilo japonés Karaage, que completan la experiencia.

El espacio mantiene la estética dinámica característica del grupo y refuerza esa sensación de restaurante pensado para funcionar con ritmo y con sensación de viajar a Japón sin salir de Barcelona.

restaurantes Barcelona

Macambo

C/ Laforja, 83 — Barcelona. Precio medio: 45–60 €

Macambo significa “alimento de los dioses” y es una clara muestra de la evolución reciente de la cocina peruana en Barcelona hacia propuestas más personales, más cuidadas y cercanas a la idea que tenemos en Europa de la alta cocina, en este caso interpretadas a través de la mirada de Roberto Sihuay (Pakta, Tanta Barcelona y Ceviche 103).

La carta trabaja con solvencia ceviches, tiraditos y platos marinos con mayor profundidad de fondo dentro de una estructura donde el trabajo sobre la acidez y los ajíes organiza buena parte del discurso gastronómico. Hay además una voluntad clara de diálogo con el producto local y una ambición pedagógica de varios estilos de cocina en Perú a través de un personal amable, cercano y que conoce muy bien la gastronomía peruana.

Macambo sería pues el siguiente nivel para los que han probado la cocina básica peruana y quieren ir más allá del ceviche y el tiradito, o que quieren versiones más pensadas y técnicamente complejas, como su trío de ceviches (clásico de corvina, de ají amarillo mixto y el de rocoto con corvina y chicharrón).

Allí puedes pedir además platos que no has visto en otros restaurantes peruanos, como su pastel de choclo con estofado de ternera mechada, ramen, ají rocoto y queso latino; o sus dados de cochinillo confitado, con puré de boniato y naranja, salsa escabeche y oliva de botija.

Barcelona

Bar Suru

C/ Casanova, 134 — Barcelona. Precio medio: 40–55 €

Bar Suru, localizado en uno de los locales cercanos al mercado del Ninot, se ha convertido en uno de esos rincones gastronómicos de referencia dentro del propio sector de profesionales de la gastronomía, algo que suele ser un indicador bastante fiable de la calidad de la oferta.

Abre solo de lunes a viernes (excepto miércoles mediodía) y su equipo, liderado por Gemma López, Carles Morote y Sergi Puig, asegura que ahora están haciendo “la cocina que querían” cuando salieron de Gresca, donde todos ellos terminaron de formarse, para montar su propio negocio.

Destaca su trabajo en la parrilla —especialmente el trabajo de yakitori- junto a encurtidos, casquería tratada con delicadeza y platos que cambian con frecuencia según mercado. La carta es corta y cambia con frecuencia, pero además permite sentarse a comer en un formato de Omakase (“a las órdenes del chef”) con un modelo de menú degustación personalizado. Es una oferta de gestos contenidos pero muy precisos, donde la mezcla entre referencias japonesas y producto local aparece de forma natural.

La experiencia se entiende mejor desde la barra, que funciona como centro del restaurante y como espacio de lectura directa de la cocina, muy pequeña y perfectamente sincronizada.

restaurantes Barcelona

Colmado Wilmot

Carrer de Calvet, 28, 08021 Barcelona. Precio medio: 30–40 €

Colmado Wilmot es uno de esos proyectos discretos que funcionan especialmente bien sin hacer ruido: sala pequeña, cocina directa y una propuesta que combina lógica de colmado contemporáneo con la sensibilidad de una buena casa de comidas.

El producto y esa estética de taberna antigua y sencilla que tanto gusta son sus principales encantos.

Eso, y que Eugeni de Diego y Anna Alvarado —responsables de otros locales de éxito actuales (Lombo) y pasados (A Pluma)— vuelven a demostrar aquí su capacidad para construir proyectos con identidad clara, bien pensados como negocio, con una cocina reconocible y —literalmente— para mojar pan.

Si no sabías donde chuparte los dedos con la salsa de los caracoles, o donde encontrar unas costillitas de conejo al ajillo, deja ya de buscar.

Sus pinchos de tortilla son también populares entre los parroquianos —clientes habituales del barrio y algún que otro turista despistado— que piden sobre todo su tortilla de chistorra navarra.

A su cocina para compartir se unen conservas bien escogidas, embutidos y productos gourmet típicos de colmado, de ahí su nombre.

Destaca también la selección líquida, coherente con el concepto: vinos con personalidad, referencias poco obvias y una aproximación cercana a la bodega de barrio más que a la carta enciclopédica. La experiencia es ágil, cómoda y muy barcelonesa en el mejor sentido del término.

Barcelona

Tunateca Balfegó

Av. Diagonal, 439 — Barcelona. Precio medio: 90–115 €

Este restaurante que lleva casi diez años funcionando tiene una función pedagógica y de disfrute. Aquí todo gira en torno al atún, desde los entrantes hasta algunos detalles en los postres. Está en plena diagonal de Barcelona y con la dificultad que supone sacar adelante un restaurante monoproducto, está dirigiéndose a un formato de experiencia inmersiva donde la cocina y la divulgación sobre el origen, captura y mantenimiento en enormes piscinas marinas de los atunes forman parte del menú.

La chef ejecutiva Alejandra Ormeño lidera esta nueva dirección bajo un concepto que definen como “orfebrería culinaria”: una cocina de precisión donde cada corte del atún se trabaja casi como una pieza única, como una joya. El resultado son dos nuevos menús degustación —Kigen y Contrast— que funcionan como recorrido técnico y sensorial por las distintas posibilidades del túnido, mezclando tradición japonesa, maduración, cocina contemporánea y ciertos guiños personales de la chef, de origen peruano.

Entre nigiris, usuzukuris, ventresca curada, arroces, fondos y elaboraciones que cruzan Japón, Mediterráneo y ciertos matices peruanos, Tunateca consigue algo poco habitual: convertir un restaurante de marca en una experiencia gastronómica sólida, especialmente interesante para quien quiera entender hasta dónde puede llegar el universo del atún rojo.

Al Grano

C/ Tamarit, 104 — Barcelona / C/ Casp, 55 — Barcelona. Precio medio: 25–35 €

Sorprende la calidad de la pasta fresca y de los guisos de fondo en este pequeño restaurante que ha abierto recientemente su segundo local en el Eixample (al lado de la plaza Tetuán) y que se ha convertido en un bistró italiano de referencia en el barrio.

Su oferta gira alrededor de la pasta fresca como eje estructural del discurso, con una lectura muy limpia del producto y un servicio agradable y cercano, que ayuda mucho en la selección de los platos.

Además de la noche de langosta, que la celebran todos los viernes con su plato estrella de espagueti, no te equivocarás si pides su ravioli de ossobuco, con salsa de carne y azafrán, o su pappardelle cinghiale con guiso de jabalí al vino tinto y queso Pecorino.

Detrás del proyecto están Gabriele Milani y Lorenzo Fossi, responsables de una propuesta que ha entendido divinamente cómo actualizar el formato trattoria en Barcelona sin perder la tradicionalidad.

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Isabel Conde

Isabel Conde

Periodista licenciada en la UCM se ha especializado en gastronomía porque es su pasión. Nos mantiene al día de las novedades de Barcelona, entrevista a cocineros y realiza interesantísimos reportajes sobre tendencias, novedades, etc.

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