Alaska es el último refugio del salmón salvaje. En sus aguas habitan las poblaciones más numerosas de este pescado protegido por la denominación Salmón Salvaje de Alaska. Cinco son las especies de salmón que nacen en ríos de Alaska y cuya vida adulta transcurre en las aguas del océano Pacífico del Norte. Todas ellas pertenecen al género Oncorhynchus y son bien distintas al salmón salar, única variedad del Atlántico Norte.
La pesca del salmón en Alaska está comprometida con la sostenibilidad, estrictamente reglamentada y controlada por biólogos oficiales que estipulan cuándo y cómo se puede pescar una vez abierta la veda. El salmón salvaje de Alaska es una fuente principal de grasas saludables, como el Omegas-3, vitaminas y nutrientes esenciales y se ha demostrado que comer pescado de Alaska ayuda a mantener un sistema inmunológico saludable.
El salmón rojo es el más apreciado gastronómicamente por su escaso contenido en grasa, la tersura de su carne y su delicadísimo sabor. De color rojo intenso, tiene gran afinidad, en cuanto a las características de su carne con el atún rojo. Nada tiene que ver con el popular salmón noruego engordado en piscifactorias.
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