Hete aquí un vino interesante desde varias perspectivas. Para empezar, el nombre, fruto de una pasión bolerística que promete unas cuantas etiquetas divertidas (el tinto más económico de la misma bodega se llama Angelitos Negros). Y luego está la etiqueta, claro, atrevida pero de estética cuanto menos discutible, que recupera la iconografía pin up.
Pero lo que realmente vale la pena en Cachito Mío es el propio vino, tarjeta de presentación de una joven bodega fundada por profesionales que debutan con buen pie en este mundo (con buenos asesores, hay que decirlo: los enólogos Pepe Hidalgo y Ana Martín).
Así, con pasión, buenos consejos y unas parcelas privilegiadas de viñedo –El Águila (1904), Las Tijeras (más de 100 años), El Infierno (reciente plantación), Las Candelas (1988), El Pego y Valdefinjas (más de 50 años)– cultivadas con tinta de Toro, La Casa Maguila se estrena con un tinto muy diferenciado respecto a lo que ya conocemos de la D.O. Toro. Porque Cachito Mío 2012 es potente, pero jamás pesado, intenso, aunque nunca cansino, y campechano, si bien siempre elegante.
Un nuevo tinto de Toro para tener muy en cuenta.
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