Miradorio, bodega pionera en la recuperación de los vinos de la costa cántabra, amplía ahora su universo con un vermut que mantiene intacta la personalidad atlántica de la casa.
Detrás de este vermut está el mismo espíritu inconformista con el que Miradorio se convirtió en una de las referencias de los vinos atlánticos del norte. Acostumbrados a trabajar con la humedad, el viento y la cercanía del mar, la bodega cántabra traslada ahora esa mirada al universo del aperitivo con una elaboración que evita los registros más evidentes del vermut mediterráneo para construir un perfil mucho más fresco, vertical y salino.
Elaborado a partir de vino y mosto de uva del Cantábrico, este vermut rojo encuentra su personalidad en el equilibrio entre la expresión vegetal de los botánicos y una marcada sensación vínica. La crianza en viejas soleras aporta matices de madera vieja, recuerdos ligeramente oxidativos y una profundidad poco habitual en elaboraciones de este precio. En nariz aparecen aromas de hierbas de monte, corteza de cítricos, manzanilla seca y un delicado recuerdo de frutos secos, con un fondo balsámico que aporta complejidad sin imponerse. Más que exuberante, resulta preciso y bien perfilado.
La bodega Miradorio
La boca confirma esa sensación de identidad propia. Tiene una entrada amable, con cierta sensación envolvente, pero rápidamente surge una acidez viva que aporta nervio y alarga el recorrido. El amargor está muy bien medido: aparece de forma progresiva y elegante, sin aristas, dejando una persistencia limpia y ligeramente salina que invita a seguir bebiendo. Se agradece también la contención del dulzor, algo cada vez menos frecuente en la categoría y que aquí permite apreciar mejor el carácter de las hierbas y la calidad de la base vínica.
El vermut de Miradoiro no busca reproducir el estilo clásico italiano ni el perfil más especiado de algunos vermuts españoles, sino expresar un paisaje y una forma distinta de entender el aperitivo desde el norte. Esa personalidad atlántica, fresca y algo austera, es precisamente lo que lo hace interesante. Funciona muy bien solo, con hielo y una piel de naranja, pero gana todavía más sentido acompañado de anchoas, conservas, escabeches o mariscos. Un vermut con personalidad, bien construido y coherente con el discurso de una bodega que ha sabido encontrar una voz propia en el panorama cantábrico.
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