A fuego vivo, siempre controlado, se sofríe el conejo y las verduras en aceite de oliva. Se añaden caldos. Después el arroz y azafrán.
La capa de arroz no alcanza el grosor de un dedo. Tersos y sueltos los granos están llenos de sabor. La madera y los sarmientos de la combustión le aportan un aroma delicado y especialísimo.
Madrid, primera parada de la Longaniza de Graus rumbo a la gran parrilla
Solares como refugio frente al calor
El gran reto del ibérico es que el consumidor entienda su verdadero valor
La nueva oferta gastronómica esta inspirada en la cocina española, con arroces, pescados, carnes y…