Menorca, la isla gourmet
Guía para descubrir, comer y disfrutar en el último paraíso del Mediterráneo
Todo el mundo habla de sus calas color turquesa, sus talaiots y sus fiestas con caballos, llamadas jaleos. Se sabe que Menorca es el último paraíso del Mediterráneo. Pero, lo que no se cuenta es que en la isla se come muy bien.

Cala Galdana
Menorca recibe muchos menos visitantes de los que podría absorber, según sostienen las autoridades insulares, pero en verano la atmósfera se vuelve un poco agobiante y las hordas de curiosos alteran la paz en la que vive la isla el resto del año. Primavera y otoño son las mejores temporadas para recorrer esta tierra por donde sale el primer sol de España y disfrutar de la hospitalidad de los menorquines que son excelentes anfitriones, aunque no les gusten mucho los turistas. Después de tantas invasiones no extraña que tengan cierta prevención con los extranjeros: Mahón fue arrasada por el pirata turco Barba Roja y la isla dominada por aragoneses, ingleses y franceses sucesivamente, hasta que en 1802 se incorporó a la corona de España.
Una isla con salsa propia: la mahonesa
La historia de Menorca puede leerse en su cocina cargada de influencias. Los árabes imprimieron su huella en la dulcería, en el cuscussó, auténtico mazapán árabe que solo se prepara por Navidad y en el arros de la terra que no es un plato con arroz, sino con trigo. De los ingleses queda la afición por la mantequilla, los pudines -de ahí la greixera dolía– y claro está, por el gin. El gin menorquín (ginebra) se destila de alcohol de vino al que se añade bayas de enebro y hierbas de la isla, lo que le confiere su marcada personalidad. De todas las destilerías de ginebra que hubo en Menorca, sólo Xoriguer se mantiene en activo.

1.- Arros da la terra.2.- Mahonesa en mortero. 3.- Gin Xoriguer
Los franceses estuvieron poco tiempo -tomaron la isla en la Guerra de los Siete Años (1756)-, pero lo aprovecharon bien: su cocina elegante y aristocrática fue muy imitada. La moda llegó a tal punto que se comían “olivas a la francesa”. Durante el periodo de dominación francesa, en una cena ofrecida en Mahón para el duque de Richelieu (no confundir con el cardenal) se sirvió una salsa de huevo ligada con aceite. La receta está recogida en el Receptari Caules. Cuina menorquina del segle XVIII y recibía el nombre de “salsa de pescado cruda”.
Después la leyenda se encargó de modelar la historia. O bien el general llevó la receta a Francia y allí acabó llamándose mayonesa. O en la edición impresa del recetario, el impresor cometió un error tipográfico y cambió la “h” de mahonesa por una “y”, algo muy común en la época. Pero ahí está el origen de la mahonesa ¿Cuántas islas hay en el mundo que puedan presumir de tener una salsa propia tan bien documentada?
Llaudes y llocs
Como en casi todas las islas, Norte y Sur son mundos distintos y complementarios. En la zona de la Tramuntana, se suceden los acantilados y las calas; al Sur la arena blanca de las playas (Son Bou, Santo Tomás) marca la silueta. En el centro, el monte Toro, un mirador natural que se eleva sobre la isla y permite al viajero observarla entera. Poblándolo todo, los payeses, esencia de una isla tan rural como marinera donde aún se conserva la embarcación tradicional, el llaud.

Llaudes en el puerto de Fornells
Un buen lugar para comenzar el recorrido por la isla es el puerto de Mahón. Refugio natural, donde el general cartaginés Margón, fundó una ciudad a la que puso su nombre. Es muy agradable dar un paseo en barco, visitar el centro de arte Hauser and Wirth de la Isla del Rey, antiguo hospital militar, o recorrer las callejuelas empedradas de la ciudad y tomarse un helado en Sa Gelateria, frente a la iglesia donde organizan concientos con mucha frecuencia.
En el mercado municipal se mezclan pescados y verduras locales, mientras que en las calles las avarcas amontonadas en los expositores (sandalias típicas de los payeses con suela de neumático) ponen la nota de color. Entre los lugares de interés que rodean la ciudad están la fortaleza de La mola y varios conjuntos de talaiots y taulas. Estas construcciones prehistóricas de enorme interés están repartidas por toda la isla. Uno de los más espectaculares es el de Torralba d’en Salord, en la carretera de Alaior a Cala en Porter.

1.-Casa payesa 2.- Pastissets comprados en Monte Toro. 3.- Avarcas menorquinas. 4- Puerto de Ciudadela
Queso, manzanilla… y caldereta
Es Mercadal es el centro rural de la isla, hacia el norte se extienden las explotaciones agrarias (lloc), cerradas con las icónicas barreres, donde se crían las vacas con que se produce el queso de Mahón, aunque las queserías se encuentran dispersas por todo el territorio. Si el marisco y los pescados son los reyes de la costa, quesos y embutidos son la esencia del interior.
Imprescindible probar las berenjenas blancas, los tomates menorquines, los higos y la carne de ternera menorquina, además de las ricas sobrasadas. Sin olvidar las mieles y la maravillosa manzanilla, de la que la tradición dice que hay que poner un número impar de botones en cada taza (entre 5 y 9). En torno al 20 de septiembre, cada año, en el recinto ferial de Es Mercadal se celebra Arrels, la feria del producto y la cocina de Menorca, a la que acuden productores, cocineros y muchos aficionados ¡Precioso espectáculo!

1.- Dolcamar, miel. 2.- Manzanilla de Mahón. 3.- Barrera menorquina
Entre Es Mercadal y Fornells están las Salinas de la Concepción, únicas activas en la isla, que se han rehabilitado magníficamente. En ellas es posible asistir a la recogida de la flor de sal, la frágil capa salina que se forma sobre el agua y que se recoge de forma manual.

Salinas de la Concepción
Fornells, protegido por el Cabo de Cavalleria, es un pintoresco pueblo de pescadores, que en verano se pone imposible, pero que en primavera resulta delicioso. Allí nació la caldereta. Era la comida común de los pescadores, cuando las langostas se consideraban un bicho raro que nadie quería. Prepararla y servirla es todo un ritual. Se trata de un preparado caldoso, pero sustancioso y denso, que se elabora en cazuela de barro, con langosta mediterránea (Palinurus Elephas), un sofrito de ajo, cebolla, pimiento verde y tomate, que se liga con un majado que incluye el coral de los crustáceos. Los restaurantes del puerto presumen de tener sus propias barcas de pesca que les suministran las langostas y los pescados del día.
Es port, Es pla, Es cran… son nombres que están en boca de todos. Pero sobre todo, Sa Llagosta, uno de los mejores restaurantes de la isla. David Coca trabaja como nadie los pescados locales y su caldereta es simplemente espectacular.

1.- Langosta menorquina. 2.- Tast en Es Mercadal. 3.- Quesos en un mercado local
Ciudadela, en el extremo Este de la isla, es el otro polo donde se mima la caldereta. Allí el famoso Café Balear ha hecho de este guiso popular su emblema. La ciudad, cargada de historia merece un paseo tranquilo. Sus calles pobladas de ventanas cerradas con persianas de lamas de madera resultan muy pintorescas y tienen nombres sorprendentes como Ses voltes o Que no passa. Algunas de las calas más bonitas de la isla, como Cala Turqueta o Macarella están muy cerca.
Restaurantes para un recorrido sabroso
Sa Llagosta
El cocinero David de Coca y su mujer Mónica Cortassa hacen un tandem espectacular en su diminuto restaurante de Fornells. Sus calderetas tienen fama de ser las mejores de la Isla, pero más allá de eso, el acierto con el que Coca trata los pescados está fuera de toda duda. Guisados, crudos, fritos… se atreve con todo y siempre gana. Cocina de corte popular pero con guiños de autor que convence a propios y extraños. Visita imprescindible, siempre que la cartera está bien repleta. Imprescindible reservar con antelación.
AQUIARA by José María Borrás
José María Borrás y su estupendo equipo de sala demuestras como hacer sofisticado algo en apariencia sencillo. Cocina de gran envergadura técnica con la que logra el tratamiento perfecto para cada uno de los productos. Armonías elegantes y platos muy bien compuestos. Una cocina de alto nivel, que se eleva por encima de la oferta de la isla. Solo ofrecen menú degustación.
La cocina de Cristine
Escondido en el encantador hotel Cristine Bedfor de Mahón, es un restaurante que se sale de lo normal porque la cocina de joven cocinero menorquín Pau Sintes elegido European Young Chef Award 2022, no camina por los senderos del fine dining de manual, sino que se escora hacia la fuente grande en mitad de la mesa, el producto poco tratado, pero bien cocinado, los sabores limpios de la cocina casera… dispone de carta y menú degustación. Precioso patio para cenar o desayunar.
El Rais
Colgado sobre el puerto de Mahón, es perfecto para tomar un arroz o un pescado del día. Espacio muy agradable, personal encantador, servicio informal y cocina sabrosa y rica. Aquí puedes leer nuestra crítica. Al frente, el grupo Ses Forquilles que es una referencia en la isla.
Hoteles
Hotel Rural San Patrici
Situado en el centro de la isla, esta antigua casa señorial rodeada de huertos y con bodega propia, es el agroturismo perfecto para alojarse y tenerlo todo cerca. Tranquila, discreta y confortable, ideal para desconectar en un ambiente rural, poco sofisticado.
Alcaufar Vell
Un clásico de la isla, pionero en desarrollar el turismo rural de calidad. Dispone de varias habitaciones en la casa señorial y otras distribuidas en zonas de nueva construcción. Todas amplias decoradas con muebles antiguos de la isla El jardín es precioso, perfecto para una cena romántica o un desayuno gourmet. Esta cerca de Mahón y de las calas de Binibeca.

1.- San Patrici. 2.- Puesta de sol en Son ermita.3.- Cena en Alcaufar Vell.4.- Salones en el jardín de Morvedra Nou
Morvedra Nou
Especialmente pensado para parejas (Adults only), esta casa de campo convertida en hotel es un refugio ideal. Habitaciones amplias y luminosas, en las que predomina el blanco y los tonos naturales. Jardines repletos de flores y un personal pendiente de todos los detalles. La oferta gastronómica está dirigida por el joven cocinero menorquín José María Borrás que en el restaurante Aquiara trabaja con los productos locales desde una óptica contemporánea muy personal. Es fantástica su versión de los raons, pescados muy apreciados en Baleares.
Hotel Vestige Son Hermità
Lo mejor, además de las excelentes vistas, son las actividades de turismo activo que proponen. Las habitaciones están decoradas en estilo menorquín, refinado y austero, con elementos de artesanía local muy bien elegidos. Dispone de una buena oferta gastronómica dirigida por el cocinero Joan Bagur que centra su trabajo para el restaurante Brisa en los productos vegetales de su propio huerto. El grupo Vestige gestiona también el hotel Binidufá. Un lujo discreto que está en alza.
