Poner las patatas en una olla con abundante agua y cocerlas a fuego suave.
Cuando las patatas están tiernas se sacan del agua, pelar y cortar en trozos grandes cuando estén todavía templadas.
Aliñar antes de que se enfríen las patatas con el aceite, el vinagre y la sal.
Mezclar bien para que todas las patatas queden impregnadas con el aliño.
Picar la cebolla y el perejil e incorporar a la mezcla anterior.
Existen dos tendencias a la hora de servirlas, hay quien las prefiere servir todavía templadas y hay quien prefiere servirlas tras unas horas de reposo en el frigorífico. En ambos casos, una vez emplatada, remate con un buen trozo de melva o ventresca de atún por comensal y un pequeño chorro de AOVE.
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Julia Pérez Lozano
Licenciada en Ciencias de la Información por la UCM. Especialista en gastronomía. Autora de numerosos libros y guías. Trabaja con lo que más le gusta: las palabras y los alimentos.