Nonna Italia es la primera abuela italiana con la que cocino para este libro y no se me ocurre una experiencia más italiana que la bienvenida que recibo en su casa de Pozzuoli, el pueblo donde nació Sophia Loren, a veinte minutos de Nápoles en un trayecto por la costa.
A mi llegada, me besa en las dos mejillas y –junto a cinco napolitanos más– insiste en que no puedo tomar agua, sino vino. «El agua no es buena para los huesos, te oxidarás», me indican. Por lo visto, eso se dice mucho en Nápoles. Acabo de llegar directa de un vuelo desde Atenas y estoy seca, pero me dejo llevar.
Le digo a Italia que me encanta su nombre; ella pone los ojos en blanco y, moviendo la mano con desgana, me explica que su padre era fascista: «En aquella época había muchas Italias, Italios, Benitas y Benitos».
En su pequeña cocina, con la cálida luz de la tarde filtrándose a través de las cortinas bordadas con patrones intricados, Italia me muestra cómo cocinar estas patatas asadas de contorno (‘guarnición’), que suele preparar con cordero asado en Pascua. Nos acompaña una cacofonía constante todo el tiempo, con el resto de la familia entrando y saliendo para servirnos más vino o comentar lo que hacemos. Su perro Teddy, que es muy protector, me mordisquea en más de una ocasión y, a pesar de mis protestas, me obligan a comer salchicha y friarielli (‘grelos’) mientras cocinamos. Y, claro, más vino.
Hay una sobrecarga sensorial total. «Bienvenida a Italia», me dice. La calidez y la sensación de ser parte de una familia en cuestión de minutos es algo que solo he experimentado en el sur de Europa. Es caótico, pero me encanta.
Este plato pertenece a la región de Cilento –parte de la Magna Grecia, como la llaman los italianos– e Italia me explica que todos los sabores de esta aromática receta vienen de Grecia. Es cierto que no he visto mucho orégano en la cocina italiana, pero es un ingrediente básico en la griega. Lo usamos seco, recolectado por el hijo de Italia en la montaña, junto con una generosa cantidad de aceite de oliva. El resultado son unas deliciosas patatas doradas y crujientes gracias al pan rallado y los dos tipos de queso que se les añade. No te plantees racanear con el aceite de oliva, es lo que les confiere todo el sabor y el tono dorado.
Mediterránea, Recetas de abuelas del Mediterráneo perfeccionadas a lo largo de toda una vida de Anastasia Miari. Editorial Cinco Tintas. Fotografías de @Marco Argüello 2025
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