Pocos ingredientes representan mejor el final del verano que el tomate. Jugoso y rebosante de sabor, alcanza su mejor momento entre agosto y septiembre. En esta época, los tomates tienen más aroma y color, perfectos para preparar un salmorejo fresco y lleno de matices. Elegir tomates de temporada -mejor si son locales- es la clave para que esta receta tan sencilla se convierta en el mejor homenaje al final del verano.
Paso a paso:
Originario de Córdoba, se sirve frío y admite diferentes coronaciones según las preferencias. En esta versión, se termina con queso fresco Burgo de Arias, que aporta suavidad y un contrapunto lácteo.
Y si quieres experimentar más, en nuestro apartado de Recetas de Gastroactitud puedes encontrar desde salmorejos clásicos hasta reinterpretaciones sorprendentes, para inspirarte y descubrir cuál es tu versión favorita.
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