La buena voluntad no siempre es suficiente. Hace más de diez días que las destilerías españolas ofrecieron su ayuda e instalaciones para producir gel hidroalcohólico y alcohol sanitario y contribuir así a la lucha contra el avance del COVID-19, pero muchas aún no han podido hacerlo por los frenos burocráticos.


Al igual que sucedió en otros países, cuando en España arreció la crisis del coronavirus, la industria de la destilación de alcohol no tardó en reaccionar, ofreciendo con la mejor intención sus instalaciones para fabricar gel hidroalcohólico y alcohol sanitario para contribuir a la lucha contra el avance del COVID-19.

La llamada solidaria sonó como un solo grito y pronto pudo escucharse en todos los rincones de España: desde Jerez de la Frontera (Cádiz), Tomelloso (Ciudad Real) y Chinchón (Madrid), donde tiene sus sedes de destilación el grupo González Byass; Manzanares (Ciudad Real), centro de producción de Pernod Ricard España; Segovia –sede tradicional del whisky DYC, hoy propiedad de Beam Suntory–; Galicia (comunidad donde se asientan Aguardientes de Galicia, de Vedra, y Destilerías Compostela, de Rois), hasta Canarias (donde se ubica la destilería del ron Arehucas, en Gran Canaria), entre otras compañías dedicadas a esta actividad.

 

INICIATIVAS EN EL MUNDO

La idea implicar a productores de bebidas espirituosas para que colaboren con la sanidad pública fabricando estos derivados podría parecer revolucionaria pero no es en ningún caso un invento autóctono: semanas atrás ya lo había puesto en práctica el todopoderoso grupo LVMH en Francia. Aunque en este caso, con la salvedad que, además de bebidas espirituosas, el grupo de Bernard Arnault también produce fragancias y cosméticos para las marcas Christian Dior, Guerlain y Givenchy, entre otras, lo cual facilita las cosas en términos productivos (e impositivos). En cualquier caso, gracias a esta iniciativa (anunciada el 16 de marzo), LVMH ha podido administrar a las autoridades sanitarias francesas 12 toneladas de geles desinfectantes en tan solo una semana.

Paralelamente, en Puerto Rico, la propiedad de Ron Bacardí –participada por el grupo español Osborne– llegó a un acuerdo con la refinería local Olein Recovery para buscar la forma de convertir el etanol en gel desinfectante como sustituto del lavado de manos con agua y jabón para minimizar la transmisión del coronavirus.

Antes que eso, la destilería AMASS de Los Ángeles ya estaba produciendo su propio gel hidroalcohólico. Aunque esta historia es bien distinta y tiene que ver con la situación personal de Morgan McLachlan, su maestra destiladora que, estando embarazada de su primer hijo, se sintió especialmente vulnerable ante la amenaza del COVID-19.

Como los geles disponibles en el mercado se habían agotado, elaboró uno su uso personal, con tanto éxito que primero tuvo que replicarlo para su compañeros y luego comercializarlo al público. Claro que este no es un producto gratuito que se dona a las autoridades sanitarias, sino el éxito de una destilería de moda que se vende en la tienda on line a 10 dólares los 59 mililitros.

 

ESPAÑA: BUROCRACIA Y BUENA VOLUNTAD

Volviendo al caso español, tras la ola solidaria de las destilerías, la buena voluntad se topó con el nudo burocrático. Si la mayoría de las compañías el día 20 de marzo habían anunciado la disponibilidad de sus instalaciones, a fin de mes apenas la destilería de DYC en Segovia había conseguido sortear el bloqueo legal para poder fabricar los derivados que requiere esta urgencia sanitaria.

Y todo ello, a pesar de que, en las últimas semanas, según aseguran desde la patronal de Espirituosos de España, se está proporcionando una respuesta y asistencia rápida desde la Agencia Tributaria –dependiente del Ministerio de Hacienda– para que las empresas se acojan a la exención del impuesto que se aplica a los alcoholes inicialmente dedicados a uso alimentario, pero luego desnaturalizados y reorientados a aplicaciones sanitarias.

Para entender la complejidad del asunto hay que saber que este proceso de desnaturalización implica la exención del pago del impuesto especial. Normalmente, la tasa es de 958 euros por cada hectolitro (100 litros) y España recauda anualmente en torno a 800 millones por el impuesto especial sobre el alcohol y bebidas derivadas, según datos de la Agencia Tributaria. Y el control sobre esta tasa no es sencillo, ya que existen en España 3.800 centros productivos de bebidas alcohólicas.

En fin, sorteados los inconvenientes burocráticos, Beam Suntory anunció el 1 de abril que ya está fabricando los primeros 20.000 litros de gel desinfectante en su destilería segoviana. Esperemos que pronto González Byass, Pernod Ricard y todas las demás puedan decir lo mismo.

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