Cuando Madrid baja el ritmo durante los meses de verano, la Sierra de Guadarrama se convierte en uno de los destinos predilectos para quienes buscan temperaturas más amables, naturaleza y una pausa de la ciudad. Navacerrada ofrece también una parada gastronómica: Carande, el restaurante de Carlos Carande.
La propuesta se construye alrededor de una cocina contemporánea donde la memoria, el producto y la temporada marcan el rumbo de una carta. Una cocina que encuentra su atractivo en el equilibrio, la precisión y la capacidad de despertar recuerdos.
En Carande, el ritmo parece acompasarse al de la montaña. El entorno invita a sentarse y a comer con calma.
La carta juega con referencias conocidas y otras menos previsibles. La gilda de arenque y las croquetas de jamón abren el recorrido. El chawanmushi inspirado en el histórico consomé de Lhardy, demuestra la incorporación de técnicas e influencias japonesas a una cocina vinculada a la memoria. En el apartado marino, cabe destacar el sashimi de bacalao con caviar Oscietra.
La temporada también determina el plato. Las verduras son protagonistas en elaboraciones como la menestra con consomé de borraja y velo de wagyu o la berenjena asada con miso y ajo blanco, mientras que el mar aparece en preparaciones como el bacalao al pil pil, el ceviche de corvina o la raya con matices agridulces.
Las carnes mantienen relación con el territorio y con esa cocina de fondos y cocciones lentas. La carrillera de vaca estofada, el solomillo de la Sierra de Guadarrama y el pichón asado.
Para quienes prefieren recorrer la propuesta de una manera más extensa, Carande cuenta con un menú degustación de trece pases inspirado en Japón. Un recorrido por diferentes técnicas, texturas y sabores que condensa la personalidad de la casa.
La personalidad de Carande reside precisamente en esa capacidad para hacer convivir diferentes influencias sin perder su identidad. La cocina parte de recetas y sabores reconocibles, bajo una lectura contemporánea.
Al frente del restaurante está Carlos Carande, formado en Le Cordon Bleu Madrid, donde obtuvo el Grand Diplôme de Cocina y Pastelería. Su trayectoria incluye además su paso por cocinas como DSTAGE y Zuberoa, experiencias que han contribuido a construir una cocina que combina rigor técnico, creatividad y respeto por el producto.
Sus raíces vascas conviven con las influencias japonesas que atraviesan buena parte de la propuesta de Carande.
En Navacerrada, esa filosofía encuentra además un escenario acorde: una cocina contemporánea que invita a bajar el ritmo, mirar el paisaje y entender la gastronomía como una parte más del viaje.
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