«La industria alimentaria nos tienta cada día con comida basura. Basta dejar de comer tan mal como comemos para mejorar nuestra dieta y nuestra salud»


A Julio Basulto, nutricionista y docente, no le preocupa tanto que los niños se alimenten con productos basura como que sus padres y profesores estén convencidos de que su dieta es saludable.  Sin embargo, no quiere culpabilizar a nadie con su libro Come Mierda, ni siquiera zarandear conciencias. Su objetivo es más ambicioso.

 

¿Por qué has publicado Come Mierda?

No tanto para zarandear conciencias, como para llamar la atención del Gobierno y de la industria alimentaria. No me gusta culpabilizar a la gente por sus hábitos. Sé que todos somos víctimas de un marketing depredador y de la desidia de las autoridades sanitarias que tienen una peligrosa connivencia con la industria, no solo en España

¿Comemos mierda porque nos inducen a ello?

Claro, es el verdadero mensaje del libro, alentar a que los consumidores sean conscientes de que hay fuerzas muy poderosas que soterradamente nos dicen “come mierda”, a veces bajo la apariencia de estudios o recomendaciones de instituciones muy serias. Las grandes corporaciones alimentarias con Nestlé, Unilever, Novartis, etc son las que deciden qué comemos. También influye que las empresas de distribución como Carrefour o Mercadona compitan por precios baratísimos en los productos que yo llamo y considero “malsanos” porque eso tiene una influencia enorme en los hábitos alimentarios de la población. Dentro de las cuatro “p” del marketing (precio, producto, punto venta y promoción) el precio es la que determina la compra. Cuanto más bajo es el precio de un producto malsano, más gente lo compra. EL 90% de los productos dirigidos a niños que encuentras en un supermercado son malsanos.

¿Alguna responsabilidad tendrá el consumidor?

Es un tema complejo. Un factor importante es la industria y la distribución, tal vez el 25% según afirma Gemma del Caño, pero hay más. El consumidor también tiene parte de responsabilidad sobre todo porque somos muy estáticos. Nos cuesta mucho cambiar de hábitos. Solo el 20% de los pacientes que entran en atención primaria están dispuestos a cambiar sus hábitos. El 80% quiere que le den una pastilla que le resuelva el problema para seguir haciendo lo que le gusta, ya sea comer, fumar o estar todo el día tumbado en el sofá. Otro factor son los medios de comunicación que están constantemente haciendo publicidad de productos malsanos. O titulares relacionados con el alcohol. Y no puedo olvidarme de los sanitarios, nosotros, en muchas ocasiones tenemos connivencia con la industria alimentaria. Por ejemplo, la Fundación Española de la Nutrición. Está formada por sanitarios, pero ¿quiénes son sus patrocinadores? La industria alimentaria. ¿Cómo van a ser fiables sus informes si los paga la industria?

¿Pero todo esto se soluciona legislando, no?

Efectivamente, pero los consumidores estamos totalmente desprotegidos y desorientados a causa de la cantidad enorme de inputs que tenemos. Ahora se está tramitando un Real Decreto para evitar que los deportistas, por ejemplo, hagan publicidad de comida malsana dirigida a niños. Pero ya veremos que coladeros encontrará la industria.

La industria y los políticos siempre están del mismo lado, por eso es tan difícil sacar las leyes adelante. Legislar y prohibir ciertas cosas (como el Red Bull en los supermercados esté a la altura de los niños) sería más práctico, evitaría un enorme gasto sanitario, pero no interesa.

Miguel Ángel Royo Bordonada ha demostrado y publicado en The Lancet que hay una connivencia peligrosa entre las autoridades sanitarias españolas y la industria alimentaria ¿Cuánto ha costado poner el impuesto a las bebidas azucaradas en Cataluña? En el resto de las autonomías no se ha puesto.  Tres años después el consumo a disminuido un 25%. El resultado es claro.

¿Cómo hemos pasado de comer bien a comer mierda? ¿Dónde nos perdimos?

El tema no es fácil. Hay un dato clave que es que cada vez se cocina menos. Las guardianas de la buena dieta eran las abuelas, las madres, que cocinaban lentejas. Ahora ya no hay una madre o una abuela, pero tampoco un padre. Hay tanta precariedad laboral que no se puede estar en casa. Tal vez esto no sea lo más importante, lo tremendo es que los conocimientos nutricionales de los padres son nulos (hemos hecho un estudio científico sobre esto) es lo que he llamado agnogénesis nutricional. Y este desconocimiento está provocado por las mismas fuerzas que nos impulsan a comer mal: la industria alimentaria

 

¿Cómo se hacen estudios que avalan una cosa y su contraria? ¿Qué hace el ciudadano?

Hay infinidad de nutricionistas diciendo chorradas, a muy poco los respaldan artículos científicos publicados en revistas reputadas. Maira Bes Rastroyo analizó los estudios de bebidas azucaradas, según estuviera o no firmado (o financiado por la industria) y descubrió que en los que tenían detrás a la industria los datos o no eran contundentes o decían que no engordaban. A veces también la ciencia avanza y los nutricionistas  cambiamos de opinión. Sin embargo, el mensaje fundamental es “consuma una dieta rica en vegetales y pocos alimentos procesados”.

 

¿Hay que meter en el mismo saco las salchichas de los perritos calientes y el jamón ibérico de bellota?

Sí hay que meterlo, sí. La sal es un factor clave en el desarrollo de enfermedades cardiovasculares y por tanto de la mortalidad en nuestra sociedad. Cuando hablamos de sal no es la que añadimos con el salero, sino la que ya está en los alimentos. Los cuatro grupos que más sal aportan son: embutidos y fiambres; queso; precocinados; y sal. El Ministerio de Sanidad considera que un alimento tiene mucha sal si tiene 1 gramo de sal por cada 100 gramos. El jamón tiene 6 gramos. Es un cárnico procesado que aumenta el cáncer de colon, según que han demostrado numerosos estudios. Evidentemente no pasa nada si comes jamón ibérico una vez al mes. El problema es que la gente es consciente de que la salchicha de Frankfurt es insana, pero piensa que el jamón ibérico es sano, lo mismo que el vino o la miel. En España el consumo de salchichas es bajo, mientras que el de jamón serrano es muy alto. La OMS solo recomienda evitar dos grupos de productos: bebidas azucaradas y cárnicos procesados. Su posición es firme.

 

¿También el vino y el vodka?

Sí y la cerveza. Por que, aunque el porcentaje de alcohol es menor, el consumo es mayor. La relación entre cáncer y alcohol es directa, está demostrado.

VINOS SAN VALENTIN

Entonces, ¿es posible tener una dieta saludable y tener placer? ¿Dónde queda el placer gastronómico? Para muchos comer sin vino es un pecado.

Lo único que yo intento es que no se atribuyan cualidades beneficiosas a alimentos que no las tienen como los cárnicos procesados, la miel o el vino, que ni siquiera es un alimento.

La triada mediterránea, la base de nuestra dieta es una bomba alimentaria: vino, trigo y aceite…

Bueno el aceite es bueno. La grasa, dependiendo de cual, no engorda. La de los frutos secos, no solo no engorda, sino que disminuye el peso corporal (y está demostrado en ensayos clínicos). Pasa lo mismo con el aceite de oliva, basta ver el SUN (Seguimiento de Universidad de Navarra), aunque yo estoy en desacuerdo en algunas cosas. El aguacate tampoco engorda, pero lo que parece es que no es muy sostenible, y por supuesto, no es sanador. No es imprescindible, pero puede formar parte de tu dieta. Lo que hay que evitar es que se atribuyan cualidades falsas a los alimentos. La leche no es imprescindible para los huesos, pero tampoco produce cáncer como dicen algunos naturópatas.

Tendremos dietas personalizadas en función de nuestra genética

A día de hoy, no. Todo eso es una tomadura de pelo (La dieta del grupo sanguíneo, La dieta de la longevidad y otros libros patraña). Ni siquiera el test genético es útil. Lo importante es que la población desarrolle criterio a la hora de alimentarse.

 

Curso de cultura gastronómica

Julia Pérez Lozano

Julia Pérez Lozano

Licenciada en Ciencias de la Información por la UCM. Especialista en gastronomía. Autora de numerosos libros y guías. Trabaja con lo que más le gusta: las palabras y los alimentos.

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