La relación comensal-comida-plato está cambiando. Muchos cocineros persiguen dotar a la gastronomía de una dimensión multisensorial. Los alimentos habitan y colonizan las vibraciones. Esto que dicho así, es difícil de enteder, es un hecho real, según afirman los expertos. Una impresora 3D puede dar volumen a cualquier diseño hecho por ordador, independientemente de que el material que se emplee sea comestible o no. Experimentando con esta aplicación 3D en el ámbito de la gastronomía, es posible crear piezas sigulares como las que muestra Paco Morales.
La aplicación pretende crear la nueva "artesanía del Siglo XXI", emocional y personalizada. Piezas en las que se difuminan los límites entre plato y alimento, entre lo natural y lo artificial. Un juego de volúmenes y texturas en el que se confunden continente y contenido.
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