Llegan los últimos días para disfrutar de dos joyas del verano: el tomate y la sandía. Este gazpacho une lo mejor de ambos: fresco y dulce. Un plato ligero y cargado de vitaminas, ideal para despedirse del calor y aprovechar hasta el final los sabores de la temporada. Y para coronar, unas flores de Tête de Moine AOP, que aportará cremosidad y aroma.
El Tete de Moine, cabeza de monje es su traducción, nació en la abadía de Bellelay, donde los monjes benedictinos comenzaron a elaborarlo en el siglo XII para aprovechar los excedentes de leche en verano y así poder consumirlo en invierno.
Este queso es el único que no se corta, ni se lonchea, ni troncha (partir en trozos ). Tete de Moine se raspa y no es una moda de ahora, viene de lejos. Concretamente de las noches en las que los monjes hambrientos bajaban a la despensa e intentar “pillar” algo. Para que no se notara que habían comido lo raspaban.
Se dieron cuenta que su sabor era mucho mejor comiéndolo de esta manera. La razón es que de esta forma hay más superficie de queso en exposición con el aire lo que hace que cambie la estructura de la masa, haciendo que sea más aromático. Bueno, y también porque ese sabor característico se lo aportan las hierbas y flores que pastan las vacas por ejemplo. Seguir leyendo sobre los mejores quesos Suizos.
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