9 placas de lasaña precocidas (pueden ser de tomate, de espinacas o las normales)
Para la bechamel
50 gr de mantequilla
75 g de harina
¾ litro de leche
Queso para rallar
Pelar la cebolla, picarla muy fina, ponerla en una sartén con dos cucharadas de aceite a fuego suave.
Pelar la zanahoria, picarla e incorporarla a la sartén. Rehogar durante 25 minutos. Salpimentar.
Mientras, en otro cazo preparar la bechamel. Fundir la mantequilla, añadir la harina y cocinar unos 5 minutos, sin que tome color, remover sin parar.
Agregar la leche, salpimentar y cocer hasta que la bechamel tenga la textura adecuada, no muy espesa. Tardará unos 25 minutos.
Poner las placas de pasta a remojo en agua caliente, o proceder según indique el paquete de las placas de lasaña, las hay que no precisan ni cocción ni remojo.
Picar los tomates secos, previamente rehidratados, y agregárselos al sofrito de cebolla y zanahoria. Remover bien. Y rehogar 5 minutos más.
Mojar con el vino blanco y dejar que se evapore.
Agregar la carne, dar unas vueltas sin que se cocine demasiado.
Añadir la salsa de tomate y remover bien. Rectificar el punto de sal.
Precalentar el gratinador del horno.
Untar una fuente de horno con un poco de mantequilla. Poner en el fondo una capa de pasta para lasaña, previamente escurrida. Sobre ella colocar una capa de carne no muy gruesa. Cubrir con otra capa de pasta. Colocar otra capa de carne y terminar con pasta.
Verter la bechamel de forma que lo cubra todo. Rallar queso sobre la fuente de forma uniforme.
Gratinar hasta que esté dorado y servir.
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Julia Pérez Lozano
Licenciada en Ciencias de la Información por la UCM. Especialista en gastronomía. Autora de numerosos libros y guías. Trabaja con lo que más le gusta: las palabras y los alimentos.