Solomillo ibérico con puré de manzana y un toque de cebolla caramelizada

Ingredientes

  • 2 solomillos ibéricos pequeños (unos 150 g cada uno)
  • 2 manzanas tipo Reineta o Golden
  • 1 cucharada de mantequilla
  • 2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
  • 2 cucharadas de cebolla caramelizada de Hida
  • 1 chorrito de vino oloroso o Pedro Ximénez
  • Sal y pimienta negra recién molida

Hay platos que triunfan por su aparente sencillez. El solomillo ibérico con puré de manzana y cebolla caramelizada es uno de ellos. Una combinación clásica que, bien ejecutada, alcanza una armonía de sabores digna de mesa gourmet. La jugosidad del solomillo fundida con la dulzura de la fruta y el toque meloso de la cebolla, creando un contraste equilibrado que conquista a quien lo prueba.

No hace falta complicarse. Con una buena carne y una cocción cuidadosa, el resultado puede ser sorprendente. El secreto está en los detalles: un puré suave, una salsa con cuerpo y una cebolla caramelizada de Hida que aporte el punto justo de dulzor para redondear el plato.

Elaboración paso a paso:

  1. El puré de manzana. Pela las manzanas, córtalas en trozos y colócalas en un cazo con la mantequilla y un poco de agua. Cocina a fuego medio hasta que estén tiernas, unos 10 minutos. Tritura hasta obtener un puré fino y homogéneo. Ajusta de sal si lo deseas y reserva templado.
  2. El solomillo. Seca la carne con papel de cocina y salpimienta. Calienta el aceite en una sartén de fondo grueso y marca los solomillos por todos los lados a fuego medio-alto hasta que estén dorados. Añade el vino y deja que reduzca para crear un jugo concentrado. La carne debe quedar rosada en el centro, tierna y jugosa.
  3. Montaje del plato. Sirve una base de puré de manzana en el plato. Coloca encima el solomillo cortado en medallones y corona con una fina capa de cebolla caramelizada. Riega con una cucharada del jugo de cocción para potenciar el sabor.

Su éxito esta en la textura. El contraste entre la suavidad del puré de manzana, el punto tierno del solomillo y el dulzor ligeramente tostado de la cebolla crea una sensación envolvente. Ideal para una cena especial, pero lo sencilla para preparar en casa cualquier fin de semana.

Porque al final, cocinar bien no consiste en complicar los sabores, sino en dejarlos brillar. Este plato lo demuestra con elegancia.

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